La pregunta Naukas 2015

Publicado por Iñaki a las 16:00 Jueves 26 de febrero de 2015

¿Qué avance o descubrimiento de la ciencia moderna ha hecho progresar más a la Humanidad? Entendemos como ciencia moderna desde Copérnico hasta nuestros días.

(Esta anotación se publica simultáneamente en Naukas)

Tengo ahora mismo esa sensación que sobreviene cuando empiezas a leer un examen y ves La Pregunta; sonríes muy fuerte, pero muy disimuladamente, porque tampoco quieres que alguien te vea y crea que te has quedado gilipollas de repente, y piensas: «Esta me la sé». Que no es que de las demás no tengas ni idea —o no necesariamente—, no. Es más bien un «me la sé» de «en esta lo peto» o «he nacido para contestar a esto». Bueno, ya me entendéis, así que vamos al meollo.

Los humanos somos, ante todo, monos sociales. Desde que nos bajamos de los árboles y empezamos a recorrer largas distancias para buscar nuevos recursos con los que subsistir, nuestro encéfalo se ha desarrollado principalmente para entender al que tenemos delante, para colaborar con él. Todo nuestro mundo y nuestros progresos se sustentan en esta capacidad de colaboración y de compartir conocimientos. Hemos evolucionado muy rápidamente hacia monos tecnológicos, de manera que dependemos profundamente de todo el constructo cultural (y con cultura me refiero, sobre todo, a la ciencia y la tecnología) que hemos generado.

Esta visión creo que admite poca discusión y, por tanto, hasta aquí estaremos todos bastante de acuerdo. Probablemente también estaremos de acuerdo en que el tremendo auge de la ciencia y la tecnología en el último siglo y medio, auge que nos ha posibilitado alcanzar niveles de vida y bienestar sin precedentes, ha sido propiciado fundamentalmente por —y ha seguido un camino paralelo a— nuestra creciente capacidad para procesar y comunicar información. Estamos hablando, por supuesto, de los computadores y las redes de comunicaciones. Estamos hablando, como no podría ser de otra manera, de Internet.

Podría escribir un ensayo entero tan solo enumerando todos los aspectos en los que Internet y los ordenadores han revolucionado para mejor nuestra vida, desde los aspectos más pequeños de lo cotidiano hasta la ciencia misma, cómo se hace, se transmite, comparte y se colabora. Pero todavía no hemos llegado a responder a la pregunta que nos planteamos inicilamente, puesto que «Internet» o «los ordenadores» no son entes que podamos etiquetar como avance o descubrimiento, sino que comprenden un gran número de ellos. Así que, si habéis seguido mi razonamiento hasta aquí, la pregunta que procede a continuación es la siguiente: ¿cuál es el avance o descubrimiento que ha posibilitado fundamentalmente la llamada Era de la Información? Para mí, la respuesta es muy sencilla: el transistor.

Sí, amigos, y no me refiero a la radio… sino a este transistor, inventado en 1947 —y Premio Nobel de Física en 1956— por John Bardeen, Walter Houser Brattain y William Bradford Shockley en los Laboratorios Bell. Antes de 1947, nuestras comunicaciones y capacidad de cómputo eran extraordinariamente rudimentarias. Hoy, en cambio, poco más de medio siglo después, tenemos millones de ellos encapsulados en el salón, en la cocina, en el trabajo, en Marte, en nuestro bolsillo… Este pequeño artefacto, que en realidad no es más que un puto interruptor, ha propiciado un cambio en nuestro mundo quizás solo comparable, precisamente, a aquel instante evolutivo en el que decidimos bajarnos de los árboles y erguirnos sobre nuestras piernas.

El método científico

Publicado por Iñaki a las 15:10 Miércoles 18 de febrero de 2015

Fragmento de este artículo:

No se trata de un método en el mismo sentido que hablamos de métodos de resolución de ecuaciones; en este caso no hay un procedimiento algorítmico infalible. Sin embargo si que existen el rigor intelectual, la lógica de la argumentación y la confrontación permanente con datos experimentales; la duda permanente, la transparencia de los datos y la confrontación con los colegas. Del mismo modo que la agricultura son un conjunto de técnicas que han de vérselas con la variabilidad de entornos y climas para dar fruto, el método científico también está compuesto por un conjunto de estrategias que han de adaptarse a la variabilidad de cuestiones abordadas y cuyos frutos, cuando se ha utilizado con habilidad, son extraordinarios.

Joaquín Sevilla, físico; y científico desde mucho antes de ganarse la vida con ello.

Metablasfemia

Publicado por Almudena a las 22:29 Martes 20 de enero de 2015

Je suis Charlie

 

Cómo se comía en la Expedición Malaspina 2010

Publicado por Almudena a las 14:11 Sábado 17 de enero de 2015

Hace algunos días en este mismo Cuaderno de Cultura Científica la periodista María José Moreno publicaba un artículo sobre cómo se comía durante la expedición Malaspina. Pues bien, hace ahora 4 años, la segunda Expedición Malaspina proseguía su camino, rumbo a Río de Janeiro, tras celebrar la entrada en el año nuevo cruzando el Ecuador. También allí, estas fueron fechas que festejar con la comida. Pero, por suerte para los científicos y marineros que íbamos embarcados, dos siglos después de la travesía original de Alejandro Malaspina, la tecnología ha solucionado algunos de las mayores dificultades relacionados con la alimentación en altamar.

Quien dice tecnología, dice cámaras frigoríficas y congeladores. Hoy ya no resulta tan sorprendente que un barco pueda aguantar largas travesías en alta mar sin temor al escorbuto. Pero tampoco significa que la provisión de alimentos sea un asunto trivial. La Expedición Malaspina 2010 llegó a pasar temporadas de hasta un mes entero en alta mar, teniendo que almacenar alimentos para una tripulación de casi 100 personas. Cualquiera que haya llenado una nevera y comprobado que, tampoco allí, las verduras son eternas, puede vislumbrar algunas de las dificultades, multiplicarlas por 100 y hacerse una idea de la planificación que requiere proveer un buque como el Hespérides de alimentos.

Continúa leyendo mi última aportación al Cuaderno de Cultura Científica.

De hecho, al final de cada etapa, la lechuga, la fruta fresca, tomates y otras hortalizas empiezan a escasear. La ensalada se convierte en el mayor lujo a bordo, porque sus ingredientes son los primeros que se consumen y los que antes se estropean. Esto hace necesario visitar a diario las bodegas y cámaras frigoríficas para ir retirando las piezas que empiezan a estropearse y evitar así que la descomposición se extienda.También hace necesario reabastecer el buque en cada puerto, con ingredientes locales (con lo que la alimentación durante la expedición variaba en cada etapa) y otros no tanto (aceite, jamón…). Con combustible, claro, imprescindible para mantener el buque en movimiento, pero también para mantener siempre encendidas esas enormes cámaras frigoríficas de las que hablamos. El Hespérides tiene un depósito con capacidad para 500.000 litros de gasoil, que se consumen a un ratio de 200 litros la hora.Además, es fundamental asegurarse de que las provisiones entrantes estén en buenas condiciones. Precisamente, durante la primera expedición Malaspina (la de la Ilustración), a los pocos días después de zarpar de Cádiz, la marinería descubrió una especie de oruga desconocida en las reservas de pan. Tras comprobar que no eran tóxicas, los oficiales dieron la orden de comer pan con orugas y los marineros pasaron los 51 días que tardaron en llegar a América entre náuseas y arcadas. Por suerte, en 2010, esto nunca podría haber pasado. Entre otras cosas, porque el pan se preparaba diariamente a bordo: el panadero del Hespérides era el único miembro de la tripulación que pasaba toda la noche en vela, amasando, controlando el horno y despertándonos con olor a repostería y panecillos calientes. Su extraño horario, por desgracia, lo convertía en uno de los miembros más difíciles de ver de toda la tripulación (yo me enteré de su existencia ¡después de 3 semanas a bordo!).Otro miembro fundamental del Servicio de Aprovisionamiento del Hespérides era Paco Rubio. Este cocinero tenía planeado cada menú con 5 o 6 días de antelación y era un verdadero experto en cocinar para 100 personas, en un espacio sorprendentemente pequeño, siempre en movimiento por las olas y con una cantidad de ingredientes progresivamente menguante. Algunas peculiaridades de su cocina tenían que ver con estas dificultades: como la ausencia de fogones (todo es eléctrico) para no tener que encender un fuego prescindible y siempre peligroso en un buque. O como las cazuelas, ollas y sartenes ancladas para evitar que vuelquen o salten en los días de mala mar.

De hecho, todo en el Hespérides se caracteriza por esta peculiar adaptación al movimiento: las sillas de estudio, por ejemplo, tienen ventosas en las patas en lugar de ruedines. Los armarios y cajones están rematados con dobles niveles que evitan que se abran por sí solos (es necesario elevarlos ligeramente antes de abrirlos). Los objetos sobre las mesas, como el ratón del ordenador y el teclado, tienen velcro bajo su base. Todas las puertas están aseguradas con trincas que uno debe volver a cerrar tras atravesarlas y cada pasillo, cada ducha, incluso las camas de los camarotes están enmarcados por asideros, barandillas y barras de seguridad para evitar en lo posible las caídas… inevitables en cualquier caso. De hecho, el medicamento más consumido en el Hespérides, según me contó el ATS responsable, Antonio García Avilés, es la pomada contra golpes y moratones.

Con todo, algunos de los elementos más peligrosos de una cocina, como el aceite o el agua hirviendo, son imposibles de inmovilizar. Por eso, en caso de fuerte temporal se cierra la cocina y la tripulación se alimenta a base de bocadillos y fruta. Si el temporal no es tan fuerte, la cocina permanece abierta y los comensales sólo pueden esperar que ese día no toque sopa: por algún tipo de azar o broma ingenieril, el comedor del Hespérides se encuentra justo a la proa del buque, uno de los lugares con más movimiento (aquel que corta las olas). Por ello, durante mi estancia a bordo, pude asistir a más de una estrepitosa caída, bandeja de comida en mano. No es de extrañar, entonces, que toda la vajilla esté hecha de plástico. Pero tampoco que, esos días, muchos prefiriésemos no bajar a comer. Esos días, el alimento oficial de los más sensibles al mareo, como yo, eran las manzanas verdes (a juego con nuestra cara): lo más fácil de morder con la cabeza asomada a cubierta.

¿Y qué hay de la bebida? Bueno podréis imaginar que, a estas alturas, el alcohol ya no constituye un aporte calórico tan importante como antaño. De hecho, y probablemente para huir de este estereotipo marinero, las bebidas alcohólicas de más de 15º están prohibidas a bordo del Hespérides. Esta frontera deja a flote (sic.) la cerveza, el vino… y poco más. El resto es agua, agua embotellada: 47 palas con 584 botellas, 41.172 litros en total. Y es que, aunque el buque cuenta con osmotizadoras que potabilizan el agua (con dos depósitos de 40.000 litros cada uno), las cañerías del viejo buque hacen desaconsejable su consumo.

Durante la primera etapa de la expedición, sólo hubo una noche en que vi cómo toda la tripulación abandonaba las botellas de agua y se pasaba el champán: cuando brindamos juntos para dar la bienvenida al año 2011. Y es que, en una expedición como esta, con 100 casi desconocidos aislados, en mitad de la nada salada y tan lejos de sus casas, la comida no solo alimenta: la comida cumple un papel social y psicológico fundamental. Por eso, durante la primera etapa de la expedición, no nos faltó el champán, ni los langostinos en Noche Buena, ni el roscón de Reyes más tarde. Por eso no podía faltar el jamón (en nuestro caso, nos lo fundimos en un par de semanas). Por eso, cada domingo, lo único que marcaba el paso de las semanas, eran los churros con chocolate del desayuno. Y por eso, en cada etapa, se subían a bordo un par de tartas de cumpleaños (lo probable para un grupo tan numeroso) y se elegían dos fechas para consumirlas y agasajar a los cumpleañeros, aunque no fuese ese el día en que cumpliesen años.

Pero lo que más recuerdo de la comida de aquel viaje es la tabla de chocolate que me llevé, medio escondida, en la maleta. Quizás porque sabía a casa, porque era mía, el único algo no compartido en una convivencia por lo demás tan intensa. Si alguna vez os subís en un barco, mi consejo es que os llevéis dos tabletas. Por si la nostalgia…

Cómo buscar el paper científico que hay tras una noticia

Publicado por Iñaki a las 12:03 Viernes 16 de enero de 2015

Leo en el siempre recomendable blog Simply Statistics que menos del 60 % de las notas de prensa que generan las universidades llevan un enlace al paper que describen.

Estamos hablando del mundo anglosajón, y estamos hablando de notas de prensa escritas por gabinetes de prensa de universidades, especializados en difundir el trabajo de sus investigadores. Me gustaría ver la misma estadística para medios generalistas españoles.

Ocurre, además, que estas noticias muchas veces no son ni lejanamente correctas. Me viene a la cabeza un par de periodistas de ciencia amigos nuestros que trabajan o han trabajado para medios generalistas y que son exquisitamente cuidadosos con sus piezas periodísticas sobre ciencia, pero la cruda realidad es que esto no es lo más extendido. Me atrevo a decir que no lo es entre los redactores, pero es evidente que no lo es entre los dinosaurios que están por encima.

Por ello, el ojo crítico abre un periódico, llega a una noticia científica y, más de la mitad de las veces, levanta la ceja. Aun tratando de ser rigurosos en el trabajo de cocinar la noticia, a menudo son temas complejos donde cualquiera puede meter la pata. Por ello, hay unos mínimos que se deberían cumplir. El más sangrante, del que hablamos aquí: una referencia. No cuesta nada. Un título, un identificador, un puto enlace en prensa digital… Y esto del enlace lo hago extensible a todo el periodismo, no solo de ciencia; con lo barato y útil que es, ¿por qué se usa tan poco?

Volviendo al artículo de Simply Statistics, su autor da unos sencillos pasos —quizá muy obvios para gente que está metida en investigación, pero no tan obvios para otra mucha gente— para encontrar el artículo científico que hay detrás de una noticia. Los reproduzco aquí de forma libre.

Paso 1: buscar un enlace

A veces, tendremos suerte y encontraremos un enlace a la nota de prensa de la universidad correspondiente. Allí, como hemos visto, no siempre se encuentra el enlace al artículo final, pero posiblemente podamos encontrar el título completo.

Paso 2: buscar nombres de científicos, nombre de la revista científica y palabras clave

La experiencia me dice que lo primero se encuentra a menudo (al menos de uno de los autores, del que probablemente reproduzcan afirmaciones), lo segundo rara vez y lo último es fácil de identificar.

Paso 3: usar Google Scholar

En español, Google Académico: una excelente herramienta de búsqueda destinada exclusivamente a literatura científica. El triangulito que hay al final de la caja de búsqueda despliega un diálogo con opciones avanzadas que nos permite utilizar toda la información que hayamos podido extraer hasta el momento: título o palabras clave, autores, revista…

Paso 4: y bingo

Generalmente son artículos de pago, por lo que, si no tienes acceso a través de una institución, siempre hay métodos alternativos o almas caritativas que te lo pueden conseguir.

Define “postura razonable”…

Publicado por Iñaki a las 22:34 Miércoles 7 de enero de 2015

Ley empírica más cierta que las de Godwin, Benford y Wilcox-McCandlish juntas:

Los debates entre posturas razonables tienden al debate semántico con el tiempo.

El coreano que rompió Internet

Publicado por Iñaki a las 17:34 Miércoles 3 de diciembre de 2014

psy

O casi… De acuerdo, estoy exagerando un poquito. Pero el hecho es que PSY, el famoso cantante surcoreano autor de Gangnam Style, ha hecho que el gigante Google tenga que llevar a cabo una actualización masiva en sus bases de datos. ¿Por qué? Así lo explica el equipo de YouTube:

We never thought a video would be watched in numbers greater than a 32-bit integer (=2,147,483,647 views), but that was before we met PSY. “Gangnam Style” has been viewed so many times we have to upgrade!

Nunca pensamos que un vídeo sería visualizado un número de veces superior a un entero de 32 bits (2.147.483.647 visitas), pero eso fue antes de conocer a PSY. ¡Gangnam Style ha sido visto tantas veces que hemos tenido que actualizar!

Un contador como este no es más que un número, un número que se almacena en un campo de un set de datos asociado a un determinado vídeo en una base de datos. Que se almacena significa memoria, lo que a su vez significa que cada vídeo de YouTube, como cada entrada de este blog, tiene una porción de memoria finita reservada para guardar sus cositas (p. ej., número de visitas, número de “me gusta”, URL, usuario al que pertenece…). En algún momento, el equipo desarrollador de YouTube (probablemente esto venga de antes de su adquisición por Google) pensó que 32 bits eran más que suficientes para tener guardado el número de visitas de un único vídeo. Parece razonable, pero… siempre está la realidad para sorprenderte.

El caso es que supongo que la actualización de marras no habrá sido inmediata precisamente. Tengamos en cuenta que se trata de ampliar un campo que está presente en todos y cada uno de los vídeos de YouTube, cuya información estará replicada probablemente en centenares de bases de datos repartidas por todo el mundo; añádele copias de seguridad, etc., además del hecho de que no puedes modificar por las bravas la base de datos en producción (esto es, la que está en uso). En fin, una odisea de moderadas proporciones para un mísero contador.

La duda que me sigue quedando es por qué utilizaban un entero con signo (arriba no han sido precisos: 2^{31}=2.147.483.648, no 2^{32}, luego el bit que nos falta es el que indica el signo; con un entero sin signo habrían tenido el doble de visitas posibles) para almacenar visitas, cuando nunca vas a tener visitas negativas… Un desperdicio absoluto.