La ruleta rusa de los recortes en sanidad

Publicado por Iñaki a las 22:01 Jueves 9 de octubre de 2014

Antes de entrar en harina, un poco de contexto. Quedaos con estas siglas: RCP, de Reanimación Cardio-Pulmonar. Se trata de un procedimiento de emergencia básico que combina la respiración boca a boca con compresiones cardiacas: insuflar aire y machacar el pecho, como en las películas. Hemos dicho básico, pero ¿cómo de básico? Tan básico que este procedimiento de reanimación durante los primeros minutos de una muerte súbita o parada cardiaca es lo que más aumenta la probabilidad de supervivencia. Tan básico que hasta el conductor de la ambulancia debe saber hacerlo. Tan básico que en algunos países, como Dinamarca, es de obligatorio aprendizaje para obtener el carné de conducir. Tan básico que muchos profesionales sanitarios apuntan que todo el mundo debería saber hacer una RCP. Y con esto, creo que ya nos hacemos una idea. Pues bien, ¿cómo se os queda el cuerpo si os digo que no todos los médicos de este país están recibiendo la formación necesaria para hacer una RCP?

No es ninguna broma de mal gusto. Esta misma tarde, una fuente de confianza que trabaja en un hospital madrileño me ha hecho llegar el siguiente email (click para ampliar):

Cursos RCP restringidos por dinero

Transcribo el párrafo fundamental:

Debido a los recortes habidos en estos últimos años en los presupuestos asignados al Plan de Formación Continuada del Centro, no ha sido posible incluir a la totalidad de Residentes que tienen que realizar el [Curso de RCP básico], habiéndose elegido al azar lo que han sido inscritos procurando que haya al menos algún Residente por Especialidad.

Es decir, un curso de un procedimiento tan básico —BÁSICO— que, por supuesto, se considera actividad obligatoria, no está siendo realizado por la totalidad de médicos residentes de este país a causa de los recortes. Los inscritos se están escogiendo al azar con la esperanza de que el próximo año se pueda incluir al resto. Y la próxima vez que alguien tenga un sustito, más vale que el azar quiera que el médico de guardia haya sido de los agraciados… Esa es la sanidad que nos está dejando este gobierno.

Disfruten lo votado.

La música de las esferas

Publicado por Almudena a las 12:59 Martes 7 de octubre de 2014
Kepler, Harmonices mundi, 1619

Kepler, Harmonices mundi, 1619

Tendemos a pensar en las palabras ciencia o arte como categorías claramente diferenciadas y más o menos constantes a lo largo de la historia. Nada más lejos de la realidad. No sólo los elementos que dichas categorías contienen han cambiado fundamentalmente en distintas épocas (nadie duda que los objetos de arte románico sean distintos a los impresionistas, por ejemplo). Además, los mismos conceptos han cambiado fundamentalmente a lo largo de la historia, adquiriendo incluso significados contradictorios entre sí[1] y aunando actividades creativas que hoy consideramos claramente separadas.

De hecho, el concepto de arte que hoy manejamos no existió hasta el siglo XVIII aproximadamente. Fue en 1746, cuando el filósofo Charles Batteux acuñó el término “bellas artes” agrupando, aproximadamente*[2], las disciplinas que hoy consideramos como tales. El número 7 no era casual, pero hasta cierto punto sí arbitrario: coincidía con el de las 7 artes liberales listadas por los clásicos. Desde entonces, uno de los problemas de la Estética ha consistido en buscar el elemento definitorio de dichas disciplinas, la relación particular que las une entre sí. No es un problema fácil, pero sí muy reciente: hasta hace muy poco, no se pensaba que existiese una vinculación especial entre la música y la pintura, por ejemplo — en rigor, ambas requieren técnicas diferentes, conocimientos diferentes, incluso formas de fruición muy distintas.

Continúa leyendo mi última aportación al Cuaderno de Cultura Científica.

De hecho, hasta la modernidad, la música tendía a agruparse con disciplinas que hoy consideraríamos claramente científicas. Dentro de las artes liberales (aquellas propias de los hombres libres, que no requerían trabajo manual), la música formaba parte del quadrivium, junto con la aritmética, la geometría y la astronomía[3]. Esto fue así desde la antigüedad clásica: para los griegos, la música representaba la unión entre el mundo idealizado de las matemáticas y el mundo físico de la experiencia, la bisagra perceptible entre la aritmética y la geometría. Gracias a la música, los griegos podían comprobar que dos cuerdas proporcionadas por números enteros sencillos (propios de la aritmética) generaban un sonido agradable o consonante al combinarse. Mientras que cuerdas proporcionadas por números más extraños, con decimales, o bien números irracionales propios del ámbito de la geometría, resultaban en sonoridades desagradables o disonantes. Existe un motivo físico y fisiológico para este fenómeno. Pero, sin conocerlo, los griegos concluyeron que la belleza musical debía emanar de la perfección misma de los números.

Esta misma idea se encuentra tras otro concepto astronómico de origen griego: “cosmos”. El cosmos es un todo ordenado y armónico. Y, por lo tanto, bello (de ahí la palabra “cosmética”). La idea de un universo perfecto, regido por números y armónico (otro concepto muy musical) encuentra su justificación última en nociones musicales. De hecho, el mito pitagórico habla de “la música de las esferas”, una música perfecta aunque no perceptible para nuestros sentidos.

Esta concepción tuvo implicaciones más allá de la anécdota mitológica. El quadrivium formó parte de la educación de las élites durante toda la Edad Media en Europa. Esto significa que gran parte de los grandes pensadores, protocientíficos y filósofos occidentales estudiaron de manera conjunta la astronomía, las matemáticas y la música. Hoy conocemos a Ptolomeo como astrónomo, a Nicolás de Oresme como matemático, a Kepler como físico. Pero hay algo que todos ellos tienen en común: y es que escribieron sobre música. Ptolomeo, en concreto, fue el autor del tratado más importante de teoría musical de la Antigüedad clásica titulado, precisamente “Armónicos”. Nicolás de Oresme reflexionó sobre la conmensurabilidad de las órbitas estelares valorando, entre otras cuestiones, el interés de la música planetaria resultante. Muchos otros autores —Galileo, Newton, Descartes, Euler…[4]— nos dejaron curiosas resonancias musicales en sus trabajos. Pero, sin duda, uno de los casos más interesantes es el de Kepler.

Kepler es conocido por desvelar la forma elíptica de las órbitas planetarias. Fue también el primero en hallar la relación entre el periodo orbital y la distancia al sol. Además, describió cómo la velocidad de cada planeta variaba a lo largo de su elipse. Lo que no resulta tan conocido es que Kepler, en su tratado “Harmonices mundi” además de describir estas leyes astronómicas, asignó notas musicales a cada planeta en función de su velocidad angular. Los planetas con una órbita más excéntrica (por tanto, los planetas cuya velocidad angular es más variable) abarcaban un mayor rango sonoro. Mientras que Venus, por ejemplo, adscrito casi a una circunferencia en su recorrido alrededor del sol, entona siempre la misma nota. Además, Kepler asignó voces a cada uno de ellos: desde Mercurio, la soprano, el planeta más cercano al sol y, por tanto, el de mayor frecuencia (el más veloz), hasta los bajos: Júpiter y Saturno (los más lentos y graves).

Podéis escuchar la música celestial kepleriana en este enlace y comprobaréis que de “celestial” no tiene mucho. Kepler mismo se dio cuenta de que, según su propia teoría, los planetas estarían en disonancia la mayor parte del tiempo, pero argumentó que en determinados momentos, algunos se alinearían produciendo consonancias parciales. Como esta armonía transitoria nunca alcanzaría a los 6 planetas simultáneamente, además, Kepler argumentó que el universo no tendría fin. Tengamos en cuenta que esta era una idea herética para su época, un tiempo en la que la Iglesia Católica hablaba de Apocalipsis y de una Creación finita. A pesar de ello, Kepler daba tanta importancia a la belleza en su teoría que, literalmente, creía que el mundo no podía acabar hasta que sonase bien.

Hoy sabemos que no hay música en las esferas. En el espacio hay vacío, no existe ningún medio por el que puedan viajar las ondas sonoras, ni consonantes ni disonantes. Sin embargo, aunque hayamos descartado la idea de una música celestial, la expectativa de belleza sigue muy presente. La misma belleza con la que Einstein decía poner a prueba sus teorías. La misma belleza cultivada por músicos y artistas. La misma que decía temer Andrei Linde, este año, al conocer los datos experimentales que avalaban sus teorías sobre la inflación cósmica.

Probablemente, al final del día, es esta la razón que a muchos nos anima a seguir estudiando o investigando, buscando orden en la enésima ecuación con caracteres griegos: la esperanza de que al final todo encaje, sea elegante y comprensible. Las ganas de poder decir ¡qué bonito!

[1] Recomiendo leer “Historia de seis ideas” de Wladyslaw Tatarkiewicz.

[2] Aproximadamente: Batteux incluyó la elocuencia entre las 7 bellas artes. Posteriormente esta se unión con la poesía dentro de la literatura y se añadió el cine como séptimo arte.

[3] El trívium estaba formado por la gramática, la dialéctica y la retórica, mientras que la pintura, la escultura y otros oficios se consideraban artes mecánicas o serviles.

[4] Sobre este tema: “Music and the making of modern science” es un recopilatorio muy interesante.

En Radio Euskadi sobre Naukas Bilbao

Publicado por Iñaki a las 18:57 Martes 23 de septiembre de 2014

Con motivo del —recordemos, por si no ha quedado bastante claro— mayor evento de divulgación científica del año, que se celebra —como no podría ser de otra manera, porque en otro sitio no cabría— en Bilbao, me han hecho una pequeña entrevista en el programa La Mecánica del Caracol de Radio Euskadi. Dejo por aquí el audio (salgo a partir del minuto 35 aproximadamente).

Y recordad que os esperamos este viernes y sábado, 26 y 27 de septiembre, en el Paraninfo de la UPV/EHU. La entrada es libre como todos los años.

Nos vemos en Naukas Bilbao

Publicado por Almudena a las 19:45 Lunes 22 de septiembre de 2014

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Como cada año, el verano nos abandona sin dejarnos llorar demasiado: justo a la vuelta del equinoccio, el mayor evento de divulgación científica del año se celebra en Bilbao. ¿Y por qué no deberías perdértelo? Preguntas, como cada año, mientras se acortan tus días y el curso laboral va clavando su rutina en tu melancólico bronceado. Te daré algunos motivos:

  • Por hedonismo. Bilbao todavía sabe a vacaciones. Esta semana, cuando salgas cada tarde del trabajo, o de la universidad, pensarás en el pedazo viaje que tienes preparado. Pensarás en ese hotel con bañera y espuma. Pensarás en la lujuria de no tener nunca que hacer la cama. Pensarás en los pintxos de por la noche y en las cañas. Y el verano, que recién se ha ido, ya no te parecerá tan lejano.
  • Porque te vas a reír: te lo garantizo. Y si no, ¡te devuelven tu dinero!
  • Porque, si tienes hijos, aprenderán un montón. Y si no los tienes, deberías venir a celebrarlo.
  • Porque tú también crecerás. Es lo mejor, sin duda, de estos eventos. Siempre sales con el encéfalo más gordo por algún lado.
  • Porque no somos Mario Rajoy: perdemos mucho a través de un plasma :(
  • Porque todos envejecemos de año en año. Y nunca podrás comentarlo ácidamente si te quedas creyendo que conoces a un puñado de avatares.
  • Porque igual ligas. En fin, no sé si se habrá dado alguna vez el caso… pero si (pongamos por hipótesis) fuese posible ligar gracias a esto de los blogs, tendría que ser en un contexto con piel y malta, digo yo…
  • Porque este año hay música, hay magia, hay entrevistas… además de los habituales ciencia, escepticismo y humor.
  • Porque Iñaki ha preparado un montón de paradojas sobre estadística como para hacerte pensar. Porque yo voy a llenar un auditorio de sonidos raros por tercer año consecutivo. Pero las otras charlas de las que tengo alguna noticia, también molan un montón.
  • Porque hasta leer esto, probablemente, tu plan para este fin de semana daba mucha pena: ¡nos vemos en 4 días!

God sees you

Publicado por Almudena a las 0:41 Martes 16 de septiembre de 2014

Este verano pasé un mes en un colegio católico de Filipinas. Entre otras catolicadas, uno de los aspectos que más me llamó la atención fueron los numerosos mensajes referidos a la presencia de dios. En los pasillos, aulas y áreas de recreo: dios te oye, dios te espera, dios quiere hablar contigo… dios promueve los diagnósticos precoces de psicosis paranoide.

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Pero, sin duda, mi imagen preferida fue esta. «God sees you» hasta en el baño. O precisamente en el baño…

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Todo lo que un grafólogo puede leer sobre ti… en Google

Publicado por Almudena a las 14:00 Lunes 1 de septiembre de 2014

(Esta anotación se publica simultáneamente en Naukas)

Si eres español, joven y aún no has emigrado, es muy probable que en los últimos años hayas tenido que enfrentarte a una entrevista de trabajo. Una entrevista es esa situación social incómoda e ineludible durante la cual un perfecto desconocido intenta averiguar, en el plazo de media hora, cuál será tu desempeño profesional durante los próximos mil años. No es de extrañar que algunos recurran a artes adivinatorias…

Precisamente hace unos meses, en una de estas entrevistas, me pidieron realizar un test de grafología… y está el mercado laboral español como para negarse. O para ponerte a explicarle a tu futuro jefe (con su bolsa de herboristería en un mano y su folleto de reiki en la otra, sic), que este método de selección es una patraña, incluso si a él le funciona. Acepté escribir mi test, no sin antes ofrecer cierta resistencia racional.

—Sólo espero que la elección no se base solo en esto. Que hace mucho que no escribo y… claro, la letra empeora. De hecho, ahora que todo el mundo escribe a ordenador: ¿se estarán estropeando las personalidades también, no?, jajaja…

—¡Claro! De hecho, mejor iría el mundo si la gente asistiese a cursos de caligrafía…

Hago notar aquí que mi pregunta quería ser irónica. La respuesta, en cambio, no lo era. El mundo se está jodiendo por culpa de los fabricantes de teclados, tomen nota. Tras semejante aclaración, elegí papel y boli y comencé a escribir. Primero, mi nombre completo y la fecha, único requisito del texto. Después… la mejor parrafada que pude improvisar procurando desvelar mis cualidades intelectuales y profesionales: empezando por la buena ortografía, los renglones uniformes y un vocabulario rico sobre un tema más o menos complejo. Y a entregar.

Dos semanas después, recibí la llamada que esperaba. Era mi potencial contratador ofreciéndome el puesto de trabajo en base a los resultados del test de grafología. Según me explicó, gracias a mi letra habían podido descubrir:

  • Un montón de vaguedades, como “carácter fuerte” —¿qué coño significa carácter fuerte?— o “tranquila en general, aunque a veces puede llegar a enfadarse”. Fuck yeah!
  • Detalles directamente falsos, una vez se esquiva el efecto Forer (no recuerdo exactamente en qué contexto utilizaba la palabra “explosiva”, pero… no, para nada, por mucha pólvora que me echen).
  • Algunos detalles curiosamente precisos y curiosamente acertados sobre mi perfil profesional.

Tampoco le di muchas vueltas a este último aspecto. A fin de cuentas, era posible que la adivina hubiese leído “algo” en el texto, según mi cuidada manipulación (en el contenido del texto, esto es, no en la letra). Curiosamente, el empleador insistió mucho en que el texto “no lo leían”… pero claro, tampoco creo que hubiese presentado tests con letras al azar a modo de grupo de control.

Mi sorpresa, no obstante, llegó un par de días después, a través de LinkedIn, cuando descubrí qué parte en concreto del contenido del texto le había llamado la atención a la grafóloga…

linkedin

El nombre y los apellidos, ni más ni menos. No hay más preguntas, señoría.

Tengo miedo “lo normal”

Publicado por Almudena a las 11:59 Miércoles 20 de agosto de 2014

La una de la madrugada y un imbécil se la saca a la entrada del metro cuando paso por la puerta a escasos metros.

Cerca de Moncloa, también de noche. Un tipo empieza a seguirme mientras regreso a casa sola por una calle vacía. No recuerdo haber visto nunca tantos bares cerrados en Madrid.

Haciendo autostop: salí en cuanto pude del coche, huyendo del contexto… mientras aún era “solo” contexto. Esta vez iba con una amiga.

Campamento de instituto y un gilipollas empieza a tocarme mientras duermo. Aún me culpo por quedarme paralizada, por no ser capaz de levantarme y darle la grandísima hostia que merecía. Aún me culpo por la vergüenza, por el asco, por girarme sin decir nada y seguir haciéndome la dormida (ahora en posición fetal, con los brazos cruzados sobre el pecho).

Estas son mis pequeñas heridas. Pequeñas porque a mí nunca me ha pasado “nada”. Pequeñas cuando se comparan con otras: con las de la gran mayoría de mujeres en España y en el mundo. De ellas, se estima que el 35% ha sufrido algún tipo de violencia sexual por parte de su pareja o de un desconocido. El 35% de las mujeres. 1225 millones de seres humanos sometidos a tortura de manera cotidiana.

Tortura es una definición que no se usa lo suficiente en estos casos, pero resulta especialmente adecuada: un tipo cualquiera se aprovecha de su posición de poder (dada por su fuerza, porque son cinco, porque ella estaba borracha, porque simplemente no la considera una persona). Le arrebata a la víctima su libertad, su dignidad, la utiliza como un saco de carne, la humilla, la hiere. Y utiliza para ello uno de los ámbitos más delicados y trascendentes en la vida de una persona: el sexo. Una violación no es una agresión más, no se trata solo del dolor físico, no es comparable a ningún otro tipo de violencia: el torturador disfruta destruyendo lo que difícilmente volverá a ser íntimo o valioso para la víctima, le arrebata toda su vida. Mientras, otros tres la sujetan y el quinto lo graba. Cinco veces. El vientre en canal, un dolor insoportable y los hijos de puta disfrutando. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco veces.

Tómate el tiempo que dura una paja y repite: Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco veces, de tortura, ininterrumpida.

 

 

Ya ves. Con todo, yo he tenido mucha “suerte”. Porque me han amenazado “lo normal”. Porque “apenas” me han agredido. Porque tengo “poco” miedo a viajar sola, a hablar con desconocidos sola, a actuar como un ser humano libre y autónomo y no como una potencial víctima cada día de mi vida. Poco miedo. Un poco. Como todas.

“Busca un amigo que te acompañe”. “Cuidado que a esas horas ya no hay nadie por la calle”. “Hazme una perdida cuando llegues”. ¿Vosotras también teníais esa compañera a la que dar un toque de regreso a casa? Lo normal, somos afortunadas. O así es como deberíamos sentirnos, a juzgar por las declaraciones del alcalde de Málaga. A fin de cuentas, más de mil millones de seres humanos sufren este tipo de tortura en todo el mundo, “más de mil violaciones al año en España”: no vayamos a montar un pollo ahora porque venga otra a engrosar la estadística. “No vayamos a crear ahora la imagen de que Málaga es un espacio inseguro”. Málaga es seguro “lo normal” y lo será aún más cuando este tema regrese a la sombra de los medios, a preocuparnos también “lo normal”. Lo importante es que la fiesta continúe y a la que no le guste, que se compre un silbato.