Categoría: Arte

Artes en general. Todo lo que no tiene cabida en la categoría de música.

Congelando el tiempo

Publicado por Almudena a las 14:28 Jueves 25 de Febrero de 2010

Densmore Shute Bends the Shaft (1938).

Gracias a New Scientist, descubro la fotografía de Harold Edgerton un artista ingeniero estadounidense del siglo XX, que trabajó sobre la representación gráfica del movimiento.

Precisamente, la invención de la fotografía supuso un gran avance en este campo, pues permitía congelar instantes hasta entonces «invisibles» (por lo fugaces). Gracias a ello, Eadweard Muybridge quiso capturar el galope de un caballo en varias fotografías sucesivas, convirtiéndose así en un precursor del cine.

El sistema usado en muchas de las fotografáis de Edgerton, sin embargo, se basaba en plasmar distintos estadios de un mismo movimiento en una sola fotografía. Para ello utilizaba tiempos de exposición prolongados (tanto como el movimiento que quería retratar) y un estroboscopio que iluminaba la escena de forma intermitente, evitando así que la imagen se convirtiese en un barrido indescifrable.

Back dive (1954).

Cycloid Demostration y Coin Toss.

El estroboscopio había sido ideado por el matemático austríaco Simon von Stampfer hacia 1829 y permitía emitir flashes sucesivos a una frecuencia regulable. Sin embargo, Edgerton amplió sus posibilidades y lo llevó al campo de la fotografía. En 1926, con apenas 23 años y siendo aún estudiante en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, desarrolló un tubo de flash capaz de producir destellos de elevada intensidad en tan sólo 1/1,000,000 de segundos. También desarrolló diversos sistemas para lograr tiempos de exposición ínfimos. Su cámara de alta velocidad sincronizaba el obturador con cada flash del estroboscopio, logrando así rodar secuencias a cámara extremadamente lenta. En la década de los 40, ideó asímismo la cámara rapatrónica para fotografiar explosiones nucleares con todas las dificultades que ello implicaba (una luz cegadora captada a kilómetros de distancia), y tiempos de exposición de apenas 10 nanosegundos (1/100,000,000 segundos). Estos sistemas le permitieron capturar instantes aislados de una duración ínfima, fotografías fugaces que muchos habréis visto:

Bullet piercing an apple (1964) y Bullet cutting card (1964).

El valor estético de estas imágenes es indudable. De hecho, Edgerton recibió varios premios de fotografía en vida, colaboró con artistas reconocidos como Gjon Mili y su obra se llegó a exponer en multitud de museos, incluido el prestigioso MOMA de Nueva York. Incluso colaboró en un corto documental ganador de un Óscar: Quicker’n a Wink. De nuevo, un logro científico había abierto puertas a la creación plástica. Sin embargo, Edgerton negaba ser un artista en absoluto:

No me tomen por un artista. Soy ingeniero. Persigo los hechos. Sólo los hechos.

Yo tengo mis dudas. Y a vosotros qué os parece, ¿ciencia o arte?

Viva el arte contemporáneo

Publicado por Almudena a las 22:58 Jueves 18 de Febrero de 2010

Como buena gafapasta, me he pasado la mañana recorriendo los pasillos de ARCO, la feria anual de arte contemporáneo que se permanecerá abierta en Madrid hasta el final de esta semana. Como siempre, la feria, entretenida, con sus más y sus menos, sus estudiantes de bellas artes buscando curiosidades técnicas y sus millonarios en pos de caprichos.  Normalmente no habría ido si no me hubiesen regalado la entrada. Pero este año… este año ha sido especial. Este año he visto la luz, gracias a una obra verdaderamente excepcional:

Esta peculiar pirámide se encontraba en medio del primer pabellón de la feria. Cada cubo de poliexpan estaba lleno de cervezas bien frías y, como buena obra interactiva, su cometido era que los espectadores fuésemos cogiendo latas y vaciándolas a nuestro gusto para así completar la “escultura”. ¿El resultado estético? Ni idea, pero desde luego, puedo decir que esta obra sí la he disfrutado.

Desbarrada en los Goya

Publicado por Iñaki a las 8:17 Lunes 15 de Febrero de 2010

Ayer tuvo lugar la gala de los Premios Goya, ese acto que organiza la Academia todos los años para mirarse un ombligo lleno de pelusas que nunca se han molestado en quitar. Sólo vi un trocito. La única motivación que tenía para ello era que estaba puesto en la tele mientras yo cenaba y que salía Buenafuente, pero su guión era pésimo y él parecía poco convencido de lo que estaba haciendo, así que me apresuré en la cena y volví al ordenador. Sin embargo, en ese rato vi suficiente: entre premios e intervenciones de Andreu, se intercalaban citas célebres, y una de ellas fue la siguiente, de Luis Buñuel:

La ciencia no me interesa. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción, cosas que me son preciosas.

Con dos cojones. Veo en Twitter que no he sido el único en atragantarme con la sopa. Con la Ministra de inCultura allí presente, casi es como si hablara el mismo Gobierno. Lo sueltan ahí, con letras bien grandes y voz en off, y la masa se regocija y aplaude. Si os digo la verdad, he sentido vergüenza ajena. Creo que habrían hecho bien en medir sus palabras, porque esto supone un revés intolerable en una televisión que no se prodiga precisamente en temas científicos.

Y es que estamos con lo de siempre: si lo tuyo es la ciencia, tienes que saber de todo; si lo tuyo son las artes o las letras, no tienes por qué saber hacer la o con un canuto en materia de ciencia. Lo discutíamos el otro día en clase en un tema similar, con el profesor de Organización y Dirección de Empresas, a raíz de un artículo que recogía la opinión de varios consejeros delegados sobre sus respectivos directores del departamento técnico. Al parecer todos se quejan de que estos no tienen una visión global de todas las tareas que cubre la empresa y que, puesto que cubren el resto de departamentos, deberían aprovechar para aprender lo que allí se hace. A lo que yo digo: y el resto de departamentos, ¿no debería aprender lo que se hace en el departamento técnico, ya que está cubierto por él?

Total, que al cine español no le interesa la ciencia. Tampoco le interesa el público, y lo demuestran con cada nueva película.

Pragmatismo

Publicado por Almudena a las 9:59 Viernes 12 de Febrero de 2010

Un espectador preocupado le envió una carta a Hitchcock, conocida por su respuesta:

—Después de ver Las Diabólicas; mi hija no quiso tomar nunca más un baño. Y tras Psicosis no querrá ya ducharse. ¿Qué debo hacer?
—Llévela a la tintorería.

Un vistazo al nanomundo

Publicado por Almudena a las 14:49 Viernes 5 de Febrero de 2010

Desde hace 3 días y hasta el 18 de febrero, se exhibe en el salón de actos de la Facultad de Bellas Artes de Madrid, una exposición titulada Un vistazo al nonomundo, con las imágenes premiadas en el concurso internacional SPMage 07. La muestra consta aproximadamente de 50 imágenes procedentes del nanomundo, con una breve aclaración acerca de su contenido y paneles explicativos sobre las diversas técnicas y microscopios utilizados para su obtención, como el microscopio de efecto túnel (STM), el microscopio de fuerza atómica (AFM) o el microscopio de fuerzas magnéticas (MFM).

Me ha encantado encontrar una exposición como esta en un contexto vinculado al arte antes que a la ciencia, haciendo patente, precisamente, el potencial estético de estas imágenes, al margen de su contenido informativo. La única pega que le pondría es el tamaño de las fotografías: quizás hubiesen resultado todavía más impactantes en un formato más amplio.

Por lo demás, tanto las imágenes como el planteamiento didáctico y divulgativo de la exposición merecen mucho la pena, así que os recomiendo pasaros durante estas dos semanas por la Facultad de Bellas Artes, en el campus de Ciudad Universitaria. La dirección es Calle Greco nº2, esquina con Avda. Juan de Herrera y C/Arquitecto López Otero, al lado de Arquitectura, aunque Google Maps no sepa situarlo. De paso, y para quien necesite más motivos, podréis echarle un vistazo a la facultad, con sus paredes llenas de garabatos, sus taquillas psicodélicas, su olor a todo tipo de disolventes, sus talleres de variopintos y, sobre todo, con su cafetería llena de hippies atractivas. ;)

Qué pasa cuando a un entomólogo le da por hacer cine

Publicado por Almudena a las 9:00 Lunes 25 de Enero de 2010

Ver vídeo

Hoy conocemos a Ladislas Starevich como cineasta y uno de los pioneros de la animación en stop-motion. Sin embargo, en un principio, no fueron sus inquietudes artísticas, sino científicas, las que llevaron a este entomólogo a filmar los vídeos de animación protagonizados por insectos, por los que hoy es conocido.

Hacia 1910, Starevich era director del Museo de Hitoria Natural de Kaunas, para el cual dirigió cuatro documentales cortos. En su quinto proyecto, quería filmar la lucha de dos lucánidos (escarabajos ciervo), pero para ello necesitaba iluminar sus actividades. Debido a los hábitos nocturnos de esta especie, Starevich se encontró con que, cada vez que se acercaba a ellos con un foco, los escarabajos, invariablemente, decidían echarse a dormir (actividad mucho menos cinematográfica). Sin embargo, este peculiar director, no se dio por vencido. Inspirado por las Allumettes animés (cerillas animadas) de Emil Cohl, otro pionero de la animación, decidió convertir sus lucánidos, en marionetas: separó sus patas, mandíbulas y caparazón del cuerpo, volvió a pegarlos con cera, y, una vez movibles, reprodujo la lucha de los animales en stop-motion; fotograma a fotograma. Fruto de ello fue su primer corto con bichos animados (pionero de la animación en toda Rusia), Lucanus Cervus, de 1910.

Pero no sería el último. En 1911 Starevich se mudó a Moscú para trabajar con la compañía cinematográfica de Aleksandr Khanzhonkov. Allí grabaría docenas de animaciones con animales-marioneta. Algunos de ellos, le valieron incluso el reconocimiento del zar y la fama internacional (se cuenta que, tras el estreno de La bonita lucánida, de 1912, un crítico inglés aseguró que los insectos estaban vivos y amaestrados). Sin embargo, su corto más conocido de este periodo y, probablemente, de toda su carrera fue La venganza del cámara (Mest’ kinematograficheskogo operatora), film de 1912, protagonista de esta entrada, que narra la historia de infidelidad y celos de una pareja de escarabajos. Una temática… peculiar, desde luego, aunque sorprendentemente ignorada por otros cineastas.

Tras la la Revolución Rusa, Ladislas Starevich huyó a Europa, para establecerse definitivamente en París. Allí seguiría haciendo películas de manera independiente, aunque fue abandonando los bichos muertos y el humor negro característico de sus primeras animaciones, en pro de otro tipo cine más lírico, con personajes y marionetas más variados. Sin embargo, quizás por su empeño de trabajar en solitario, se achaca a sus películas de este periodo la falta de ritmo, metrajes demasiado largos, demasiado lirismo poco comprensible. Todo ello compensado, eso sí, con dosis ingentes de imaginación.

Avatar o cómo hacer “la película del año” en 10 sencillos pasos

Publicado por Almudena a las 9:36 Lunes 11 de Enero de 2010

—¿Has visto Avatar?
—No, pero me han dicho que es como Pocahontas pero con pitufos grandes.

(Jaime Rubio. Vía Libro de Notas)

Hace ya un par de semanas fui a ver Avatar, tiempo suficiente para averiguar por qué no sabía si me había gustado, o más bien, qué era exactamente lo que me había disgustado. Avatar es una película estupenda, de lo más… entretenida. Resulta hasta inofensiva si no se tienen en cuenta sus aparentes pretensiones «reivindicativas» y se acepta por lo que es: una película infantil con la que muchos adultos no se aburren del todo. Como el negocio de Cameron me ha parecido tan evidente, he decidido hacer una pequeño decálogo con los pasos a seguir si se quiere producir algo parecido: Cómo hacer rentable la «película del año».

  1. El primer paso es el más importante: gástate mucha pasta. Pero que mucha más pasta. ¿Crees que es suficiente? Añade otros cuantos millones. Tu objetivo es hacer «la película más cara de la historia» y hay que tener en cuenta que Hollywood no suele escatimar en gastos.
  2. Cuando creas que es suficiente, duplica ese presupuesto en promoción, promoción, promoción. Que no te tiemble la cartera, sólo este paso es quizás más importante que el primero.
  3. Los «frikis» constituyen un público potencial aún no explotado suficientemente. Si no consigues que esos piratas piojosos acudan en masa a las salas de cine, se descargarán tus películas en Internet. La Guerra de las Galaxias sigue vendiendo merchandising. Por algo será.

    Para hacer una película de culto dentro de este ámbito sólo has de seguir otros sencillos pasos.

    • Tu género es la ciencia-ficción, no lo dudes.
    • Inicia una trilogía, por el capítulo final si te apetece, como los maestros.
    • Elige una temática que esté de moda en la red. El título de la película podría surgir de un concepto utilizado en las redes sociales, por ejemplo.
    • Preferiblemente, utiliza algún recurso visual desconocido hasta la fecha. Si tu película introduce innovaciónes técnicas en materia efectos especiales, 3D y programación, gustará por partida doble a los fanáticos de la tecnología.
    • Invéntate alguna lengua de sonoridad exótica, con una gramática real que se pueda aprender a través de Internet. Como el élfico o el Klingon, pero en alienígena sexy, ¡lo tiene todo!
    • Los gatos son los amos de Internet. ¿Será por esos ojazos?
  4. Rómpete los cuernos a efectos especiales. Tu película es un espectáculo visual con la excusa de alguna historieta que te inventes por el camino. No te preocupes por el guión, tú contrata a expertos en 3D y cosas de esas, que algo surgirá.
  5. De hecho, ¿para qué quieres un guión? La gente va al cine para averiguar en qué te has gastado el dinero, dispuesta a atragantarse con el festín visual. No te compliques: cuanto más simple, previsible e infantil sea la historia, mejor. Apuesto a que eres capaz de escribir algo así en un par de semanas. La única condición es que la trama sea completamente maniqueísta y que apeste a moralina. Si quieres, puedes incluso inspirarte en algún cuento de tu infancia.
  6. No te molestes en ser original. El pastiche requiere mucho menos trabajo creativo.
  7. Tu película tiene que estar muy bien hecha. Esta es tu palabra clave: entretenimiento. Si careces de una narración interesante, todo lo demás debe funcionar a las mil maravillas. Las imágenes tienen que ser impactantes, pero además, el ritmo no puede decaer, en ningún momento. Ten en cuenta que si quieres contar la nada más trivial durante más de 2 horas, el único modo de estructurarla sin matar a tu audiencia de aburrimiento, es en forma de dientes de sierra: una sierra con tantos dientes, que apenas se distingan los valles. Si alguien ha de morir de aburrimiento que sea por exceso de entretenimiento.
  8. Empóllate bien un buen manual de recursos visuales. También en este aspecto, el mensaje debe ser inequívoco. Los buenos serán azules, con enormes ojos claros de apariencia felina e infantil (deben inspirar ternura y empatía). Independientemente de su raza u origen, serán antropomorfos, gráciles y juveniles (¡ni siquiera envejecen!), extremadamente esbeltos, anoréxicos de hecho, como esos otros alienígenas que salen en las revistas de moda. Si además van en pelotas por la vida y llevan adornos raros en el pelo, conseguirás sintetizar el puro erotismo con una pizca de exotismo, resultarán absolutamente irresistibles. Los malos, en cambio, sudan, huelen mal, visten tonos oscuros y sucios, tienen el mal gusto de usar cicatrices asimétricas.
  9. Cada bando encarna unos valores perfectamente definidos. Los buenos son espirituales, bellos, sensibles, místicos y milagrosos. Los malos son materialistas, imperialistas, egoístas, belicistas y ateos… poseídos por el mismísimo demonio, vaya. Explota, de paso, algún valor de moda entre la sociedad, como el ecologismo y el amor por la naturaleza, y algún mito históricos que encarne El Mal. Los nazis están muy vistos, ¿qué tal la colonización de América? Llévalo todo al extremo, sin ambigüedades: tecnología mata-naturaleza, mala. Flechas hechas con las ramas caídas de los árboles con la bendición de la Pachamama: buenas. En este sentido, no te preocupes por las posibles incoherencias: Cameron hace una crítica indiscriminada de la tecnología y el progreso, cuando esa misma tecnología es la que ha hecho posible producir una película como Avatar. Me recuerda a la novela pastoril del siglo XVI, degustada por la aristocracia, idealizando la vida en el campo de unos pastores que ni siquieran sabían leer. El príncipe melancólico que añora la Arcadia, el Paraíso perdido, cualquier tiempo pasado fue mejor, viva lo bucólico, pobrecito yo…
  10. Necesitas un héroe: un Elegido que se redima de sus pecados para salvar a los Buenos. Un alma sencilla, porfundamente mediocre, pero pura y tocada por el Espíritu Santo, que encuentre la Verdad, se quede con la chica (una princesa nada menos) y se reencarne al tercer día en el Reino de los Cielos, con piernas nuevas.
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