Categoría: Ciencia

Artículos de divulgación científica.

El optimismo y la interpretación de gráficas

Publicado por Iñaki a las 9:00 Jueves 25 de abril de 2013

(Esta anotación se publica simultáneamente en Aspectos Básicos de la Actividad Investigadora 2013, blog asociado a la asignatura de máster homónima impartida por Joaquín Sevilla Moróder en la Universidad Pública de Navarra)

Acabo de leer que La imagen que los alemanes tienen de España se derrumba (El País). El titular se basa en los últimos datos del Real Instituto Elcano para el Observatorio Marca España (¡y olé!). Otros titulares que podrán leer rezan La marca España se desmorona entre los alemanes (Reuters), La Marca España cree que los jóvenes que emigran por la crisis enriquecen la imagen del país (20Minutos), Los alemanes ven a España como un país de ociosos y corruptos (Europa Press), España es un país corrupto para la mitad de los alemanes (ABC) o Los alemanes ven España como un país tradicional, pobre y poco fiable (El Mundo). A un servidor, escéptico de este tipo de sondeos de opinión —poco fiables en general y nada si no se hacen con muchísimo cuidado—, se le encienden todas las alarmas en cuanto lee expresiones como “1 de cada 10″, “2 de cada 4″, “aumento del 20 al 44 %”, etc., así que he ido directamente a por la fuente.

De entrada ya podemos ver varias cosas:

  1. Un primer vistazo revela que el informe técnico describe la población, la metodología empleada, aporta el error muestral, etc. En resumidas cuentas, de entrada parece algo serio y bien hecho. No obstante, el contenido técnico sigue siendo algo escueto.
  2. Se trata de algo más que de un simple “observatorio”. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen: no solo recogen los datos y presentan las estadísticas, sino que analizan los resultados y dan los titulares. De nuevo, esperaría algo más técnico.
  3. En los análisis, las comparaciones se establecen con otra encuesta del año 1996, así que, por más titulares que puedan darme, no hay datos suficientes para establecer comparaciones y mucho menos una evolución.

Pero lo interesante se encuentra buceando un poco en el citado informe. Veamos la siguiente gráfica:

Barometro_Marca_Espana_3

Se trata de la valoración, de 0 a 10, que los encuestados dan a estos once países. En principio, ningún problema con la gráfica: es simple, clara, proporcionada, correctamente rotulada. Podríamos cuestionar por qué el eje horizontal acaba en 8 y no en 10, pero esto no afecta demasiado. La parte divertida viene del texto que acompaña a la gráfica y que paso a comentar a continuación. Dice así:

Con un 6,6, España queda en la mitad alta de la tabla

Incorrecto. España queda justo en la mitad de la tabla o, lo que es lo mismo, su valor constituye la mediana: el 50 % queda de ahí para arriba y el otro 50 % de ahí para abajo. Salta a la vista. Decir “mitad alta”, por tanto, tiene el mismo fundamento que “mitad baja”. Si lo que se quería decir es que España se sitúa por encima de la media, sería correcto, pero de hecho no se dice eso. Además, en un conjunto de estas características, limitado y escogido según unos objetivos, la media tiene poco o nada que decir.

en cuarta-quinta posición sobre el conjunto de 11 países por los que se ha preguntado.

No entiendo esta indeterminación, como si de una tabla cuántica se tratase, pero ni uno ni otro, señores: sexta (desde arriba y desde abajo, para más señas), basta con contar.

Prácticamente empatada con Italia o los EEUU, que reciben un 6,9, sólo se sitúan por delante Alemania, Reino Unido y Francia, las únicas naciones que reciben siete o más puntos.

Teniendo en cuenta que la diferencia con Italia y EEUU es de 0,3 puntos y con Portugal es de 0,2, parecería más sensato afirmar que España se encuentra prácticamente empatada con Portugal, y que se sitúan por delante Alemania, Reino Unido, Francia, EEUU e Italia. Llámenme raro.

Hay que subrayar que nuestro país le saca a Grecia casi un punto de ventaja, y más de dos a México.

Bien por lo de Grecia: primer acierto. Pero México tiene exactamente 2 puntos menos, no más de dos. Por otro lado, no veo por qué habría que subrayar estos dos datos en lugar de, por ejemplo, que Alemania le pasa casi uno a España. Pero, de nuevo, llámenme raro. Lo que está claro es que estos analistas son unos optimistas interpretando gráficas. La Marca España les corre por las venas.

Nuevo interrogante ante las políticas de austeridad

Publicado por Iñaki a las 10:30 Jueves 18 de abril de 2013

(Esta anotación se publica simultáneamente en Naukas)

Después de más de un lustro, seguimos inmersos en la peor crisis económica de los últimos tiempos. Una crisis con nombre y apellido —la Gran Recesión— que nadie parece saber cómo abordar, aunque seguro que, dentro de unos años, los libros de texto contarán con sesudos análisis de brillantes economistas que desmenuzarán hebra a hebra las causas y mecanismos de la ahora, para nosotros, torpes seres del presente, inescrutable recuperación. La coyuntura, con la imprescidible colaboración de nuestros dirigentes, ha dado lugar a las políticas de austeridad más duras y más discutidas —y discutibles— que han conocido las últimas generaciones de europeos.

Los argumentos esgrimidos con mayor frecuencia por los defensores de tales políticas —no así en España, donde los argumentos son un lujo que no lucen en pantalla de plasma— han sido los resultados publicados en 2010 por Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff en el paper Growth in a Time of Debt (Crecimiento en tiempos de deuda). En dicho estudio, los investigadores analizan las economías de una veintena de países a lo largo de periodos de tiempo que oscilan entre los 60 y los 200 años. El principal resultado que arrojan sugiere que los países con un valor de deuda superior al 90 % de su PIB, de media, no presentan un crecimiento sostenible de su economía. De hecho, esta media se sitúa en un valor negativo de crecimiento.

Muchos gobernantes han visto en este dato la justificación perfecta para imponer unas políticas de reducción del endeudamiento extremadamente agresivas, a pesar de las objeciones que suscita. La primera y más obvia pasa por cuestionar la representatividad de la media, dado que los propios investigadores afirman que la mediana se sitúa solo un 1 % (literalmente, aunque sospecho que querían referirse a “un punto porcentual”) por debajo de los casos con un nivel de deuda inferior. La segunda objeción consiste en invertir la entendida causalidad (aunque los autores señalen que solo han establecido una asociación): tal vez sea la desaceleración en el crecimiento la que provoca el aumento del endeudamiento. O tal vez no pueda establecerse una relación causal en absoluto debido a que ambos factores van de la mano y son consecuencia de un tercero (o múltiples terceros).

El hecho es que este estudio ha sido tremendamente influyente y, sin embargo, no ha podido ser replicado; hasta este mismo lunes. En un nuevo estudio titulado Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff (¿Una elevada deuda pública ahoga consistentemente el crecimiento económico? Una crítica de Reinhart y Rogoff), Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin consiguen replicar los resultados del anterior y, en este proceso, han encontrado importantes errores e irregularidades cometidas por el original. Principalmente tres, según estos investigadores:

  • Exclusiones selectivas. De los datos sobre países con un nivel de deuda superior al 90 %, Reinhart-Rogoff suprimen del análisis 14 años de los 110 disponibles sin ofrecer ninguna explicación. Casualmente, estos datos pertenecían a países que mostraban un crecimiento sólido a pesar del endeudamiento.
  • Ponderación poco convencional. Todos los países tenían el mismo peso en el promediado final a pesar de que el promediado individual se realizó con una cantidad de datos muy variable.
  • Error en la hoja de cálculo. La hoja de cálculo suministrada por Reinhart-Rogoff contenía un error que excluía completamente del análisis a cinco países.

Herndon-Ash-Pollin

Los resultados corregidos por Herndon-Ash-Pollin muestran una discrepancia crucial con el artículo original que afecta precisamente a la categoría con un endeudamiento superior al 90 %. La nueva media muestra un crecimiento todavía inferior a las otras categorías, pero positivo y palpablemente superior al obtenido por Reinhart-Rogoff. Así, el último gran pilar de la austeridad más agresiva queda severamente dañado.

Ahora, solo queda la pregunta que todos tememos: ¿contarán los economistas del mañana cómo una celda de Excel sin actualizar prolongó innecesariamente una crisis histórica?

Introducción a la física cuántica

Publicado por Iñaki a las 13:30 Martes 16 de abril de 2013

Me gustaría recomendaros una fantástica colección de artículos que César Tomé acaba de completar en el Cuaderno de Cultura Científica. Lleva por título Incompletitud y medida en la física cuántica (sigue los enlaces a continuación):

A lo largo de estas semanas hemos explorado muy someramente la teoría cuántica. Hemos descubierto que lo que la diferencia más característicamente de la física clásica es la superposición de estados (I. La teoría superpositiva) y que las implicaciones de esta característica llevan a conclusiones tan extrañas que provocaron que algunos, notablemente Einstein, afirmaran que la teoría no era completa (II. Los dados de dios). Bell nos enseñó que si la teoría no era completa entonces debíamos renunciar a la localidad (III. Entrelazamientos y desigualdades). El problema de la posible incompletitud de la física cuántica, y el de la medida asociado, lleva a cómo interpretar los experimentos y las matemáticas que tan bien los describen. El experimento mental del gato de Schrödinger (IV. Un gato y el destino del universo) sirvió de piedra de toque para diferenciar las interpretaciones estándar de Copenhague (V. Decoherencia o el papel de la constancia), de las que niegan el colapso de la función de onda (VI. La onda piloto) o de metateorías que toman las matemáticas como expresión literal de la realidad (VII. Universos paralelos).

¿Qué conclusión sacar de todo ello? (VIII. Esperando a Didinberg).

Bonus: el Cuaderno de Cultura Científica es el único blog de ciencia que se presenta al II Concurso de Blogs que organiza la Universidad de Alcalá (entre otros colaboradores) en la categoría de Mejor blog de difusión de la cultura en español. ¿A qué esperas para votar?

Cierra bien la olla o… que no te pille cerca

Publicado por Iñaki a las 18:00 Martes 9 de abril de 2013

¿Qué es lo peor que puede ocurrir si utilizas mal una olla a presión? —se pregunta un lector de What if?, la última creación del autor del cómic xkcd—, a lo que Randall responde así:

¿Lo peor?

¿Por qué estás tarareando "Ice Ice Baby"?

Las ollas a presión son peligrosas.

Pueden estallar, en algún sentido, pero no tan violentamente como temerías (o esperarías). La presión en el interior de una olla doméstica no va más allá de las dos atmósferas —aproximadamente la presión en el interior de una botella de soda—. Estos niveles pueden resultar peligrosos, pero generalmente no son suficientemente altos como para provocar una ruptura violenta del metal.

Entonces, ¿qué hace peligrosa a una olla a presión?

Pues, básicamente, el desparrame de líquido hirviendo en todas las direcciones. Y estando de acuerdo en este punto —y en que, evidentemente, las presiones alcanzadas no revientan el metal—, no me queda del todo claro que una olla a presión no pueda estallar (en el sentido más llano de la palabra) de manera bastante violenta y peligrosa. Por eso he hecho unas cuentas rápidas.

Supongamos una tapa esférica en el vacío… no, esto era otro problema. Pongamos más bien el nada descabellado supuesto de que cerramos mal la tapa de la olla a presión de forma que aguanta la presión de mala manera, pero alcanzado un nivel, se suelta definitivamente. Digamos que este valor con el que finalmente estalla es de 1,5 atmósferas. Consideremos también (ahora sí) una tapa perfectamente plana, circular, indeformable, de 15 cm de radio y 1 kg de masa (pero no en el vacío).

olla

La fuerza que le proporciona el impulso a la tapa en el momento del estallido es igual a la presión resultante (hacia arriba, igual a la interior menos la atmosférica) por su superficie menos el peso, testimonial frente a la otra fuerza.

F = P \cdot A - mg = 0.5 \mathrm{atm} \cdot 0.15^2 \pi - 9.8 = 50662.5 \mathrm{Pa} \cdot 0.15^2 \pi - 9.8 = 3571 \mathrm{N}

Para hacer las cosas muy simples, y siendo bastante conservadores, supondremos que esta fuerza actúa durante 2 milisegundos. El impulso que sufre la tapa (la fuerza por el tiempo que actúa) le confiere una velocidad (F \Delta t = m \Delta v), así que una multiplicación nos da una velocidad inicial de unos 7 m/s (unos 25 km/h). O, lo que es lo mismo, significa que, en su vuelo, alcanzaría una altura de unos 2,5 metros (si no se lleva nada por delante como el extractor o nuestra cabeza…).

No sé cómo de acertados son mis supuestos, pero desde luego el resultado casa con el único dato experimental que poseo. Conclusión: efectivamente, las ollas a presión pueden resultar bastante peligrosas si se utilizan con poco cuidado.

El lado humorístico de la documentación científica

Publicado por Iñaki a las 9:30 Viernes 1 de marzo de 2013

(Esta anotación se publica simultáneamente en Aspectos Básicos de la Actividad Investigadora 2013, blog asociado a la asignatura de máster homónima impartida por Joaquín Sevilla Moróder en la Universidad Pública de Navarra)

La documentación científica, más concretamente los papers, debido a la rigidez en su estructura, a la rigurosidad y la seriedad que entrañan, se prestan a la parodia con facilidad. Estos días andan circulando tres excelentes ejemplos, pero seguro que conocéis muchos más (me refiero en todo momento a piezas humorísticas realizadas a tal efecto, porque la ciencia también nos regala a veces estudios que resultan involuntariamente risibles; véase si no, a modo de ejemplo, A closer look on tumbling toast).

Mario Herrero compartía en la lista de Naukas un pseudopaper de un doctorando italiano que al parecer lleva circulando varios años (el artículo, no el doctorando, espero). Lleva por título Foundations of Gauge Theology, y realiza una reinterpretación de las propiedades de Dios bajo el prisma de la Teoría Cuántica de Campos para superar las deficiencias de la Teología Clásica… Lo que viene siendo un físico teórico con falta de horas de sueño, vamos. La primera referencia que aparece, por supuesto, cita a la Biblia. Y por enredar, no con menos guasa (y razón), César Tomé aprovechó para darnos una pequeña lección:

No es por enredar (o sí) pero la primera frase es falsa.

Ni toda teología ha considerado a dios/dioses omnipotente/s y omnipresente/s, ni siquiera la teología judía prerabínica lo ha hecho. Por otra parte la cita [1] es incompleta, pues Biblia es un nombre genérico: hay que especificar versión no sólo de los textos originales (por ejemplo Septuaginta / Vetus latina / Vulgata y dentro de éstas si es la versión alejandrina o la vaticana) sino también a qué compilación de libros bíblicos canónicos nos referimos (no es la misma la ortodoxa, que la católica que la protestante) y en el caso de que sea una traducción a una lengua moderna cuál es esta: en el caso del español, por ejemplo, de la biblia de Jerusalén (la que usa el Vaticano y editada en Bilbao) a la del Nuevo Mundo va un abismo. y esto es suponiendo que nos estamos refieriendo a una biblia cristiana y no a la Tanaj judía, claro.

Demasiados problemas con la frase de inicio como para seguir leyendo.

No le queda a la zaga esta genial propuesta de matrimonio en forma de paper: Two Body Interactions: A Longitudinal Study. A este respecto, Iván Rivera apuntaba apropiadamente que «Quién hubiera dicho que en esa fase de la interacción de dos cuerpos el \LaTeX{} pudiera ser tan útil como el látex».

Por último, de la mano de Fernando Frías llego a Towards a Quantum Mechanical Interpretation of Homeopathy (está claro que la mecánica cuántica vale para todo…), uno de los múltiples ejemplos que podemos encontrar en Improbable Research, una organización que «recopila (y a veces conduce) investigaciones improbables»: «investigaciones que hacen reír y después pensar». Y además publican una revista llamada Annals of Improbable Research. Y además son los administradores de los premios Ig Nobel.

El enfoque científico… ¡está por todas partes!

Publicado por Iñaki a las 18:02 Jueves 28 de febrero de 2013

(Esta anotación se publica simultáneamente en Aspectos Básicos de la Actividad Investigadora 2013, blog asociado a la asignatura de máster homónima impartida por Joaquín Sevilla Moróder en la Universidad Pública de Navarra)

Cada vez más. Afortunadamente.

Soy seguidor de diversos blogs que escriben sobre esta nuestra maravillosa lengua. Son escasos los artículos que producen, pero están entre los que más disfruto de mis lecturas habituales, y suelen acabar muy frecuentemente citados en alguno de mis artículos (curiosamente, no tengo una categoría específica para ello y al final terminan en el cajón de sastre Curiosidades). Hoy no va a ser una excepción en ese sentido ya que no podía dejar de compartir esto con vosotros: Miguel A. Román, siempre brillante en su blog Román Paladino, adscrito a Libro de Notas, nos brinda un Desmadre (ortográfico) en la Universidad.

¿Cuántas veces habremos oído eso de que «los jóvenes de hoy escriben peor por culpa de los móviles»? (Los tiempos cambian rápido, por cierto; de un tiempo a esta parte, ya se ha convertido en «por culpa de las redes sociales»). Eso es lo que se pregunta dicho artículo. ¿Se trata verdaderamente de un problema moderno o son achaques históricos? He aquí la duda ante algo aparentemente de sentido común, el primer síntoma de que la razón se abre paso en nuestro interior.

De hecho, podemos encontrar numerosos testimonios críticos con la destreza en la escritura de los más jóvenes, testimonios que pertenecen a diversas épocas y diversos países y que resultan sorprendentemente actuales. Recomiendo leer los ejemplos del artículo original. Uno en concreto, de 1985, culpa a la televisión y el cine de la decadencia de la lectura y la escritura. Y atentos que aquí viene el enfoque científico. Dice el señor Román:

Ignoro si los autores disponían de estudios estadísticos fiables de cómo escribían los universitarios costarricenses “de generaciones anteriores” para poder comparar y afirmar sin duda que “se lee muchísimo menos” y que era la influencia del cine y la televisión la causa probable del desmadre en aquellos años.

Y entiendo que, en cualquier caso, a eso habría que añadir un factor corrector del perfil económico y cultural de los estudiantes que accedían a la universidad en los años 50-60, que, al menos en España, eran normalmente varones hijos de familias pudientes.

[…]

Y, en definitiva, tengo para mí que los universitarios y estudiantes de secundaria de hoy en castellano no escriben destacadamente peor que hace décadas ni que en otras lenguas; aunque si alguien posee estudios serios y basados en pruebas objetivas y estadística comprobable que muestren la evolución en ese aspecto estoy dispuesto a rectificar y admitirlo.

Ya veis. La ciencia es la única vía para generar conocimiento válido. Hasta «los de letras» se dan cuenta. (Que nadie se tome en serio esta última frase).

¿Hace ruido el árbol al caer si nadie lo escucha?

Publicado por Iñaki a las 17:07 Martes 26 de febrero de 2013

Escribir bien un trabajo científico no es una cuestión de vida o muerte; es algo mucho más serio.

Robert A. Day, en Cómo escribir y publicar trabajos científicos.