Categoría: Curiosidades

Su propio nombre lo indica.

Frío

Publicado por Iñaki a las 8:15 Jueves 2 de febrero de 2012

Palabros informáticos

Publicado por Iñaki a las 19:19 Viernes 27 de enero de 2012

Me ha encantado la siguiente anécdota que nos cuenta @elprofedefisica a través de la lista de correo de Amazings:

Traducía yo un manual a  finales de los noventa con un colega argentino. En un momento dado,  tuvimos  un  problema  porque, en español de España “computer” es ordenador, pero  para los argentinos es “computadora”. Y decir ordenador allí suena  tan raro como decir computadora aquí. Finalmente, nos dimos cuenta de por qué, al cerrar Windows95, aparecía el mensaje “ahora puede apagar su EQUIPO”.

Disclaimer

Publicado por Iñaki a las 1:15 Miércoles 14 de diciembre de 2011

Fantástico el disclaimer con el que Barry Ritholtz adorna los comentarios del blog The Big Picture:

Please use the comments to demonstrate your own ignorance, unfamiliarity with empirical data, ability to repeat discredited memes, and lack of respect for scientific knowledge. Also, be sure to create straw men and argue against things I have neither said nor even implied. Any irrelevances you can mention will also be appreciated. Lastly, kindly forgo all civility in your discourse… you are, after all, anonymous.

Por favor, use los comentarios para demostrar su propia ignorancia, el desconocimiento de los datos empíricos, la capacidad para repetir memes desacreditados y la falta de respeto por el conocimiento científico. También, asegúrese de crear hombres de paja y argumentar en contra de cosas que no he dicho ni he insinuado. Cualquier irrelevancia que pueda mencionar también será apreciada. Por último, tenga la amabilidad de renunciar a todo el civismo en el discurso… después de todo, usted es anónimo.

(Visto gracias a Pedro J. Hernández)

Cómo librarse con rapidez de las llamadas comerciales de las operadoras

Publicado por Iñaki a las 19:46 Lunes 5 de diciembre de 2011

No hay otra. Antes o después te va a tocar; te van a llamar. Y son duros de pelar: si no coges, vuelven a llamar; si dices que no eres el titular de la línea, vuelven a llamar; si dices educadamente que no te interesa, te bombardean a preguntas y te tienen media hora al teléfono; si cuelgas repentinamente, vuelven a llamar; si te cagas en sus muertos, a veces vuelven a llamar, a veces no… Sin embargo, hoy he descubierto, de manera improvisada, un método rápido e infalible para deshacerme de ellos:

Teleoperadora: Buenas tardes, le llamo de Vodafone, soy fulanita de tal. ¿Es usted el titular de esta línea?

Yo: Buenas tardes. Así es.

TO: ¿Con qué compañía tiene contratada su línea?

Yo: Con Yoigo.

TO: Le llamaba para ofrecerle…

Yo: Tranquila, no te calientes… No puedo cambiar de compañía porque estoy en periodo de permanencia.

TO: ¿De cuánto tiempo estaríamos hablando?

Yo: 18 meses.

TO: Gracias, buenas tardes.

[Click]

Espero que no se lo haya apuntado… Si alguien conoce un método mejor y más rápido, se aceptan sugerencias.

Idiocracia. Una teoría a considerar

Publicado por Almudena a las 13:19 Martes 4 de octubre de 2011

El pasado curso, un profesor con el que llegué a tener cierta confianza, solía confesarme que sus alumnos cada vez le parecían más idiotas. Pese a lo razonable de sus argumentos, a mí, el pesimismo crónico (eso que tanto se lleva entre la intelectualidad) siempre me ha parecido tan infantil como el optimismo de Heidi entre las flores. Por eso y porque, como digo, llegué a tener cierta confianza con él, yo solía contestarle que sus alumnos no eran cada año más idiotas: que era él quien, curso tras curso, se hacía más viejo. Sus alumnos eran siempre igual de idiotas.

Hoy tengo que admitir que le debo una grave disculpa a este gran sabio y mentor. Es probable que sus observaciones fueran mucho más acertadas de lo que yo creí en su momento, cegada por mis propios prejuicios. Sin embargo, he encontrado hace poco en Youtube una sensata explicación para este acuciante fenómeno, observable en tantos ámbitos de la vida cotidiana y en pruebas tan palpables como el último anticonceptivo homeopático (si bien quiero pensar que el anuncio es una broma: a veces cuesta distinguir entre la ironía y la genuina idiotez). Con todos ustedes, la idiocracia:

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(Se nota que ha llegado octubre y yo debo volver a gestionar papelajos… sólo de pensarlo, me da por meditar sobre la idiotez general, así, en abstracto)

La dura rutina del Talibán Ortográfico

Publicado por Almudena a las 16:03 Viernes 30 de septiembre de 2011

Alguien ha hecho una pintada en el portal del nuevo piso de Iñaki. Cada mañana al levantarnos y cada tarde al volver a casa, el terrorífico mensaje se nos clava en las pupilas y en el cerebro sin que quepa siquiera la esperanza de que alguien del ayuntamiento venga a destruir el cristal mancillado. No en un plazo previsible, por lo menos.

Tras mucho debatirme entre arrancarme los ojos o comprar un spray para corregir la aberración, he tomado una decisión: en nuestro bloque vive un chico encantador llamado Tiago, y su novia, locamente enamorada, olvidó añadir la correspondiente coma al omitir el verbo de su mensaje (cosas de la edad y las hormonas). Sigue siendo una errata… pero con esta es más fácil convivir cada día. Y si la repites el número suficiente de veces, dejan de dolerte los ojos. Incluso empiezas a entrever una coma, camuflada cual cara de Belmez, entre los reflejos: “Por Tiago, lo que sea”.

El médico que se anestesiaba a sí mismo

Publicado por Almudena a las 23:30 Sábado 3 de septiembre de 2011

La interrupción del dolor ha sido una búsqueda constante de la medicina desde tiempos ancestrales y uno de los descubrimientos que han permitido su espectacular desarrollo a partir del siglo XIX. Sin embargo, fue precisa una larga evolución hasta disponer de una anestesia segura y controlable.

Ya en la antigüedad se intentaron utilizar distintos métodos para poder intervenir a los pacientes sin dolor (o, más bien, con “menos” dolor). Desde la costumbre de comprimir la carótida del paciente para dejarlo en un estado comatoso (año 3000 a.C.), a los diversos narcóticos vegetales, como la adormidera, la mandrágora y el hachís (usados por la civilización mesopotámia) y, siglos más tarde, en la Europa de la Edad Media, el opio y el alcohol. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que se empezó a experimentar sistemáticamente con distintos gases y productos sintéticos más eficientes para generar la tan deseada anestesia.

Uno de los primeros intentos se llevo a cabo con óxido nitroso, más conocido como gas de la risa y utilizado en un primer momento como droga o mero entretenimiento. Horacio Wells fue quien descubrió sus efectos anestésicos en 1844, para aplicarlos con éxito inmediatamente a su propio dolor de muelas. No quiso patentar su descubrimiento alegando que el alivio del dolor debía ser tan gratuito como el aire. No obstante, los efectos no siempre predecibles de este gas y sus propiedades inflamables forzaron el fin de su utilización.

El gran éxito llegaría con el cloroformo a partir de la década de 1840. Cuentan que la primera mujer que pudo disfrutar de un parto sin dolor gracias a este gas quedó tan agradecida que decidió llamar a su hija “Anestesia”. Sin embargo, este potente producto no estaba exento de riesgos. El británico James Simpson ha pasado a la historia de la medicina como el primer doctor en utilizar cloroformo en una cirugía. Pero su método, basado únicamente en el producto, sin un control de dosis o de tiempos, provocaba que muchos de sus pacientes no volviesen a abrir los ojos tras la anestesia. Habría que esperar a que John Snow, un médico mucho más metódico y meticuloso, idease un método seguro para aplicarla.

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John Snow fue un médico inglés de origen humilde. Hoy se lo conoce, sobre todo, como el padre de la epidemiología moderna. Precisamente gracias a este talento metódico y ordenado, pudo descubrir, a mediados del siglo XIX, el modo en que se contagiaba el cólera a través del agua, debido al deficiente sistema de alcantarillado del Londres de aquella época. Sus investigaciones implicaron un mapa y un concienciudo estudio de campo, pero para conocer los detalles os recomiendo leer el relato que hace Steven Johnson en El Mapa Fantasma. En este mismo libro, Johnson cuenta cómo John Snow pudo estudiar la dosificación del cloroformo a falta de otro material que no fuese su propia paciencia y un cuaderno de apuntes: al parecer, el médico inhalaba las diferentes dosis del gas, para caer inconsciente y cronometrar el tiempo que tardaba en volver a despertar. Tras semejante investigación, llegó a alcanzar tal grado de maestría que la propia reina Victoria le encargó que la asistiese durante su segundo parto. Sin embargo, no deja de parecerme cómica la imagen del pobre médico, cronómetro en mano, cayendo en redondo, dosis tras dosis, sobre la mesa de su escritorio. Probablemente, sería algo parecido a esto:

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