Categoría: Música

Aquí trataré sobre todo mis dos pasiones que son la música clásica y el jazz. Y por supuesto todo lo que incumbe a la música digital: formatos (MP3, etc.), compartición de música (redes P2P), reproductores, etc.

Cómo dar de baja tu cuenta free/open de Spotify

Publicado por Iñaki a las 18:25 Domingo 17 de abril de 2011

Carlos Capote nos cuenta en su blog Cómo dar de baja tu cuenta Spotify free/open y no morir en el intento:

Últimamente se han dado dos ocasiones que han hecho que mucha gente se plantease dejar de utilizar Spotify. Una fue su apoyo a la visita del Papa. Otra los recortes a su servicio Spotify free/open. Sin embargo, ¡en Spotify no hay una opción de cancelar tu cuenta free! De hecho, en sus términos y condiciones de uso sólo hacen referencia a la posibilidad de darte de baja si tienes una cuenta de pago en caso de cambio de precios.

[...]

Así no me extraña que su número de usuarios crezca y crezca tan rápidamente. ¡Son una secta digital! En cualquier caso, hay que decir que existe una posibilidad para escaparse. [...]

El método para dar de baja tu cuenta consiste en acudir a su formulario de contacto y solicitarla. Visita el blog de Carlos (enlace al comienzo) para conocer todos los detalles del proceso.

Aprovecho la ocasión para recomendar Grooveshark, un servicio online de streaming de música similar a Spotify, pero que no requiere instalación (se accede directamente a través del navegador). La versión gratuita inserta unos banners de publicidad en la parte derecha de la pantalla, pero nada de molestos anuncios sonoros entre canción y canción.

No obstante, si tampoco podemos soportar esa modalidad de publicidad y gracias a que Grooveshark es una aplicación web, podemos eliminarla aun utilizando una cuenta gratuita. ¿Cómo? Tenemos dos opciones.

Impedir que la publicidad se cargue

El servidor de publicidad de Grooveshark utiliza el puerto 8081. Por lo tanto, si lo bloqueamos, no se cargará la publicidad y el recuadro de la derecha aparecerá gris y vacío. Para ello, en Firefox basta con seguir estos pasos:

  1. Introducir en la barra de dirección about:config y asegurarle que tendremos cuidado.
  2. Utilizar como filtro ports.banned, doble click para editar y añadir el puerto 8081.
  3. Ya podemos disfrutar de Grooveshark sin publicidad molesta.

Quitar la publicidad con un script de Greasemonkey

¿Qué es Greasemonkey? Es un complemento para navegadores que nos permite asociar programas a determinadas páginas web. Esto significa que, cuando una página web se carga, inmediatamente se lanza el programa que le hayamos asociado previamente. Dichos programas son scripts en JavaScript que podemos crear nosotros mismos o podemos descargar hechos de la inmensa cantidad que ya hay.

¿Qué nos permite Greasemonkey? Todo lo que imaginemos y más. Una vez que se carga una página web, el documento está enteramente a nuestra disposición para hacer lo que queramos con él. Por tanto, estos scripts pueden añadir elementos, borrar elementos, modificar elementos, etc.; de forma que se añadan funcionalidades, quiten funcionalidades, etc. A modo de ejemplo, podemos hacer que Enchufa2 tenga una apariencia en nuestro navegador distinta a la original, con tonos rositas… o podemos quitar la publicidad de Grooveshark.

¿Cómo? En Firefox hay que añadirlo como complemento. Ya sabéis: hay que buscarlo, añadirlo a Firefox y reiniciar el navegador. Y a partir de ahí, a añadir scripts. Disponemos desde scripts que se limitan a quitar la publicidad hasta scripts que la reemplazan por las letras de las canciones que vamos escuchando. ¿Útil, no?

Clarinettologia, de Gaspare Tirincanti

Publicado por Iñaki a las 10:59 Jueves 31 de marzo de 2011

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El Ave María de Schubert… que no es un “Ave María”

Publicado por Almudena a las 23:59 Domingo 28 de noviembre de 2010

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Pues no, no es una obra religiosa, ni se corresponde con la famosa oración del rosario (que tantos compositores musicaron a partir de la Edad Media), ¡ni siquiera se titula Ave María! Ahora bien, como las dos primeras palabras de su letra son las únicas que normalmente entendemos los cristiano-parlantes, es posible que Ellens dritter Gesang (en alemán, Tercera Canción de Ellen) permanezca para siempre en el acervo popular como el Ave María de Schubert.

Sin embargo, en sus orígenes, esta canción tenía poco de pía. Se trata del penúltimo lied perteneciente a un ciclo de siete, cuya temática se parece más bien a la del cine de aventuras: espadas, reyes, acción y la lucha encarnizada de tres caballeros por el amor de una hermosa dama. Schubert se basó en una traducción de The lady of the Lake, un poema épico de Walter Scott publicado en 1810 y muy influyente durante el siglo XIX, que da título también al ciclo de canciones que nos ocupa (en alemán: Liederzyklus vom Fräulein vom See, Op.52).  Podéis encontrar el poema entero en inglés aquí. Está dividido en seis cantos que se corresponden con el tiempo de la acción, pero la trama resulta un tanto farragosa y combina 3 historias. Por un lado, están los tres caballeros que se quieren ligar a la Dama del Lago (Ellen Douglas). Por otro, la enemistad del padre de Ellen, James Douglas y el rey de Escocia, James V. Todo ello, en el contexto de una guerra entre clanes escoceses. En fin, un lío que acaba, milagrosamente, con todos felices y la Dama casándose con el Rey. En el momento en que Ellen canta su tercera canción, sin embargo, se encuentra escondida con su padre en la Cueva del Duende huyendo, precisamente, de James V. Por ello invoca y pide la protección de la Virgen María. Por lo demás, y aparte de las dos primeras palabras de la letra (que se repiten en el estribillo), esta no coincide con la oración latina, si bien, en arreglos posteriores, se ha adaptado el texto católico a la música de Schubert.

No obstante, el lied, como género musical característico del siglo XIX fue fundamentalmente pagano. Se trataba de canciones sencillas (tienen su origen en la tradición luterana que abogaba por una música cercana al pueblo, comprensible), consistentes en una sola voz con acompañamiento para piano y basadas en poemas literarios. En ellas el objetivo era llevar la expresividad de las palabras a la música. Por ello, no es de extrañar que fuera precisamente durante el Romanticismo (un periodo en el que se enfatizaban la fantasía, los sentimientos, la capacidad evocadora de la música…) cuando este tipo de composición alcanzó su mayor auge, de mano de compositores como Shubert precisamente, y, posteriormente, Schumann. Otra posible razón de su éxito fue, precisamente, su sencillez: en el siglo XIX la música se «democratizó». Apareció un nuevo público burgués, anónimo, que no sólo llenaba las salas de conciertos sino que también empezó a demandar obras que poder interpretar como aficionado. Esta es la razón de ser de todas las «pequeñas formas musicales» propias del siglo XIX (lieder, nocturnos, valses, impromptus…), del reinado incólume de los intrumentos románticos por excelencia (a saber, piano y violín) y de todas las sociedades filo-musicales que aún perduran en la actualidad (desde orfeones a sociedades filarmónicas).

Que le compren una orquesta a este niño

Publicado por Almudena a las 17:34 Miércoles 17 de noviembre de 2010

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No soy yo muy de publicar críos haciendo el mono, pero el entusiasmo de este chaval me ha contagiado y quería compartirlo. Impresionante por dos motivos: por la euforia que demuestra (el final es genial, se cae al suelo entre carcajadas) y porque, a sus 3 añitos de edad, se sabe la Quinta Sinfonía de Beethoven de memoria: ¡fijaos cómo se anticipa a la música! Si se aproxima un fragmento más tranquilo, empieza a moverse más despacio y viceversa. Suponemos que de mayor podrá dedicarse a la dirección, pero, mientras tanto, alguien debería conseguirle una orquesta para que siga practicando.

Proyecto Triolocría

Publicado por Almudena a las 14:31 Martes 2 de noviembre de 2010

Os presentamos el último proyecto musical de Luis Asiaín (o Luisao para a quien le suene de verlo por Enchufa2). Después de haber asistido a sus conciertos y haber esperado durante meses (que se nos hicieron milenios) a que terminase de perfeccionar hasta el último detalle de la grabación, nos alegra comunicaros que, por fin, es oficial el lanzamiento del disco de Triolocría.

Resulta un proyecto especialmente interesante, no sólo por la calidad de su contenido, sino también por las formas: se trata de un disco lanzado bajo una licencia Creative Commons, prescindiendo de distribuidoras, discográficas y demás chupatintas. Gracias a ello, podréis escucharlo gratuitamente e incluso descargarlo desde la página web de Triolocría, aunque, si os ha gustado su idea, las donaciones son siempre bienvenidas.

Entre otros méritos, Triolocría ha conseguido que, por primera vez, una obra literaria protegida con Copyright (en este caso: «Romance Sonámbulo»,  el famoso poema de Lorca) pueda ser utilizada en una canción distrubuida bajo licencia Creative Commons.

En fin, un proyecto merecedor de todo nuestro apoyo, que os animo a visitar y difundir. A continuación os dejo algunos links donde encontrar más información:

Sugestión diabólica Op.4, No.4 de Prokofiev

Publicado por Almudena a las 22:40 Domingo 24 de octubre de 2010

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Hoy tengo esto grabado en las orejas. Cómo mola Prokofiev, ¡muahahaha! :twisted:

Homenaje a Mandelbrot. Los fractales de la Suite No.3 para cello, BWV 1009, de Bach

Publicado por Almudena a las 20:20 Domingo 17 de octubre de 2010

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En música, por lo menos dos.

Javier Herguera, un excelente profesor de piano que tuve, solía argumentar que la música se puede estudiar desde la relación entre dos únicas notas. Una nota es sólo sonido, pero dos establecen una relación, son la raíz de un discurso. Aplicado al análisis musical, esta sencilla idea tiene múltiples significados: por un lado, a pequeña escala, muchas de las composiciones musicales que conocemos parten de motivos de 2 ó 3 notas como mucho. Estos motivos se repiten o se transforman dando lugar a motivos más grandes que se articulan en frases y estas en temas. A gran escala, sin embargo, esas mismas composiciones pueden simplificarse y reducirse a la mínima expresión, como la relación entre sus partes integrantes: de nuevo una tensión entre temas, entre secciones o entre grados de una tonalidad: como mucho, dos o tres notas. De alguna forma, el análisis musical es el estudio de microestructuras que se van coordinando en estructuras cada vez mayores hasta formar un todo coherente. Según la “distancia” a la que nos situemos, podremos centrarnos en unas relaciones u otras, tendremos acceso a un mayor o menor nivel de detalle, hasta llegar a la distancia mínima, el átomo de la música: por lo menos, dos notas.

Curva de Koch. Según la "distancia" a la que nos situemos, podremos centrarnos en unas relaciones u otras, tendremos acceso a un mayor o menor nivel de detalle.

He hablado antes del todo “coherente”. Bien, la forma que tienen los músicos de dar coherencia a un conjunto es relacionando sus partes mediante la similitud o el contraste. Por eso mismo, existen composiciones enteras generadas a partir de un solo motivo de dos o tres notas. En pro de la coherencia, los músicos (sobre todo los más formales como Bach o Beethoven) derivan nuevo material musical a partir de partículas mínimas (motivos) que dan unidad al conjunto. Estas partículas se repiten a distintos niveles y se derivan de la original a partir de las transformaciones de simetría: un motivo puede ser invertido (reflexión vertical), retrogradado (reflexión horizontal), transpuesto o transportado (traslación), aumentado tanto en el tiempo como en su interválica (dilatación u homotecia) o incluso rotado (una melodía que se convierte en acorde y viceversa). En esencia la función de este tipo de juegos es generar autosemejanza a distintos niveles y, por tanto unidad. Pero incluso cuando dos motivos contrastan entre sí, su función es reforzar la unidad de cada uno de ellos (el blanco es más blanco sobre un fondo negro).

Bien, la mayoría os habréis dado cuenta ya de por qué Mandelbrot aparece en el título de la entrada y es que a estas alturas hemos mencionado la propiedad fundamental de los fractales: autosemejanza a distintas escalas. Con ello no quiero decir que toda la música sea perfectamente fractal, ni que los compositores, desde hace siglos, tuviesen en mente este tipo de estructuras matemáticas, descritas en la modernidad. Mi argumento es que, sobre todo en el caso de ciertos compositores, la forma de generar orden en música, derivando unos motivos a partir de otros y agrupándolos en estructuras cada vez mayores, recuerda o es comparable a la de un fractal.

Inicio de la Bourrée I de la Suite No.3 de Bach

Algunas composiciones son paradigmáticos en este sentido e, investigando sobre el tema, me he encontrado con este análisis de la Bourée I de la Suite para cello No.3 de Bach. En ella, se puede encontrar un patrón fractal formado por las duraciones (el ritmo) de los elementos. El motivo inicial consta de dos corcheas y una negra (sus duraciones serían 1,1,2). En la primera semifrase, este motivo se repite dos veces (AA) y varía en una tercera parte (B) que, nuevamente, dura el doble. A esta semifrase, le contesta otra de igual duración (s1, s1), y ambas concluyen con una especie de coda (s2) que, sí, lo habéis adivinado, dura exactamente el doble que las semifrases. El patrón se vuelve a repetir en la “macroestructura”, aunque, esta vez, varía ligeramente. Toda la sección descrita, con una duración de 8 compases, se interpreta dos veces seguidas sin variación (AA) y da paso a la segunda sección de la Bourré I (B): solo que esta no dura 16 compases como cabría esperar, sino 20. Curiosamente, aunque Bach indicó que esta segunda sección también se debía repetir, muchos cellistas optan por no hacerlo dando lugar a un fractal casi perfecto.

Esquema de la Bourrée I. Pinchar para ampliar.