Categoría: Política / Sociedad

Noticias y opiniones sobre estos temas.

Tengo una discapacidad: soy listo

Publicado por Iñaki a las 17:21 Jueves 7 de abril de 2011

(Esta entrada ha sido escrita a seis manos por los Enchufa2 en colaboración con Txema Campillo y se publica simultáneamente en Amazings.es)

La propuesta de Esperanza Aguirre de crear un Bachillerato de Excelencia ha creado una marea de opiniones, sobre todo contrarias. Las principales críticas que se le achacan la tildan de medida elitista, afirman que de ponerse en marcha fomentaría la segregación y la creación de guetos.

Está claro que es una medida sobre la que puede establecerse un sano debate por la cantidad de matices implicados en su puesta en marcha: son estos los que pueden convertir la idea en un éxito o un fracaso con terrible facilidad. Hay quien, como en el Otto Neurath, ve con buenos ojos la medida, pero se plantea dudas razonables sobre los detalles que se conocen acerca de su posible implantación: «¿por qué sólo un centro?, ¿por qué sólo bachillerato?, ¿cómo incentivar que alumnos de extracción social que haga menos probable alcanzar la excelencia puedan llegar? [...] ¿no tendría que ser al revés: pagar más a los profesores que se quedan con los alumnos menos “agradecidos”?».

Pero lo que sorprende es la agria reacción generalizada contra el concepto en sí de la propuesta. ¿Por qué se ve con tan malos ojos? ¿Estamos valorando la idea por sí misma? ¿O acaso existe cierto rechazo inicial por venir de quien viene? Me consta que existe mucha gente con el suficiente espíritu crítico como para aceptar una buena medida aunque venga de una persona con ideas no afines, y lo contrario también. ¿Quizás, entonces, las reacciones se hayan visto afectadas por otro tipo de prejuicios?

Vivimos en un país en el que siempre se ha tenido muy en cuenta al que tiene dificultades para llegar al nivel medio en temas de educación. En aras de “la integración”, proliferan las fórmulas que buscan ayudar a esta desviación de la media por defecto, fórmulas que muchas veces incluso abogan por reducir la exigencia general para forzar a que esa media sea más baja. Pero ¿qué ocurre con las desviaciones de la media por exceso?

En la España de bombo y pandereta, se permite todo menos ser listo. A través de Twitter, Arturo Quirantes ha establecido un paralelismo muy esclarecedor:

Madrid va a crear un centro específico para alumnos excelentes: mal. Los deportistas de élite tienen centros de alto rendimiento: bien. WTF?

Existe un culto a la democratización de la educación que no es normal. Tenemos que asumir que existen alumnos con altas capacidades igual que existen otros con menos capacidad. Y estos alumnos también necesitan atenciones especiales, necesitan ser alentados y motivados. Todo lo que se salga de la media por arriba lo consideramos elitista cuando no es más que atención a la diversidad.

Luego nos quejaremos de que no tenemos grandes investigadores, ni científicos punteros y hasta tenemos políticos ineptos que no hablan inglés. ¿Dónde están esos alumnos que tanto destacaban en 1º de la ESO? Probablemente se habrán quedado por el camino, aburridos y hastiados de tener que seguir el ritmo de los mas lentos; habremos perdido a nuestros alumnos más brillantes aplastados por el peso de la mediocridad.

También resulta polémico que solo exista un centro en todo Madrid, con un número preestablecido de plazas aunque en este caso se trataría del experimento piloto. De hecho, aún no está claro si sería un solo centro el que se beneficiaría de esta media o se crearía un programa con varios centros repartidos.

Y por último, aunque la medida de creación de ese bachillerato me parece excelente, sí que le pongo pegas a la forma de entrar. Lo suyo es que se pudiese acceder por nota, de modo que, a partir de una calificación determinada, cada alumno tuviese la garantía de poder elegir este bachillerato (como se elige el de ciencias o el de artes y no tener que competir por la plaza y depender del azar de año en año) o bien que el alumno deba demostrar otras capacidades, aptitudes y actitudes en una entrevista personal o avalado por informes de sus profesores.

Tetas

Publicado por Almudena a las 0:01 Martes 29 de marzo de 2011

Las tetas deberían ser el emblema de la deconstrución. Adquieren lecturas opuestas según el contexto y, muy especialmente, según el lector. Una teta puede ser un contenedor de leche para ciertos desdentados, un juguete sexual para otros,  una fuente de placer o de dolor, la Razón Última de Internet, un globo de silicona, el refugio de un tumor… Personalmente, estoy convencida de que cuando las tetas de Irina Shayk se juntan en ese sutil gesto con los codos al final del anuncio de Intimissimi, hacen un sonido similar al de dos copas de cristal de Bohemia brindando por el porvenir: ¡clin! Y el mundo se transforma en un lugar mejor donde vivir.

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En mi facultad, la teta es una superficie curva en la que se posa la luz dando lugar a un juego de claroscuro sumamente estético. Eso dicen en mi facultad, pero mi facultad está llena de hippies. Por ello, lejos de ocultarse o condenarse, el pecho femenino es exhibido y reverenciado, situado sobre tarimas y peanas, expuesto a la luz, ante la paleta y el cincel. En consecuencia, los hippies de mi facultad estamos razonablemente preocupados y es que, a juzgar por las últimas noticias, ya no van a poder enseñarse las tetas en la universidad.

Como todos sabréis, hace algunas semanas unas estudiantes madrileñas fueron a mostrar su tierno amor ante uno de los altares de la Universidad Complutense. Ejemplificaban así una de las enseñanzas de Jesucristo, según la cual hay que ofrecer siempre la otra mejilla ante las agresiones. Así, las valientes estudiantes, pese a haber sido humilladas y estigmatizadas como mujeres, amenazadas con sufrir tormentos durante toda la Eternidad (que se dice pronto) por el mero hecho de amar a una compañera, decidieron acudir a la capilla con la mejor de sus intenciones, no a insultar o a reproducir una violencia análoga a la ejercida sobre ellas, sino a ofrecer de forma altruísta porno lésbico gratuito y en directo, torsos desnudos femeninos, la más bella creación de Nuestro Señor, la prueba definitiva de un diseñador inteligente. Cómo iban a adivinar ellas, pobres corderas, que los asistentes a la capilla rechazarían semejante presente. Cuando se piensa en el éxito que habrían tenido en Internet…

Pero es que las tetas adquieren distintas lecturas según el contexto y el lector. Una teta en una capilla universitaria supone un problema gordo. No por la teta, que en sí es bella y tierna, sino porque una «capilla universitaria» es un oxímoron sin solución posible. Una capilla es un lugar diametralmente opuesto a una universidad. Es más, debe serlo: las Verdades incuestionables de la primera, deben ser refutadas necesariamente por la segunda, la actitud pasiva que ensalza la religión es incompatible con el pensamiento crítico que debe imperar en la universidad. También por ello, las normas que rigen cada lugar son diametralmente opuestas y, donde una teta es una protesta necesaria, a otros les parece una profanación digna de denuncia y arresto a domicilio.

Solución (de perogrullo): no los mezcles. Quizás alguien se ofenda porque yo me ponga a desayunar delante de otro que está cagando. Pero es que él ha sido el idiota que ha colocado un retrete en medio de la cocina. Mientras ese retrete siga en un lugar inapropiado, no es pertinente que nadie se escandalice porque su culo sea expuesto o nos riamos de sus heces. Las capillas, como los retretes, tienen su lugar en el ámbito de lo privado, de las debilidades y necesidades de cada cual, donde, sin duda, deben ser respetados. Fuera de ahí, no sólo es ilícito que exista una protección especial para las «sensibilidades religiosas», es que además resulta ofensivo y contraproducente que todos debamos soportar el hedor de sus secreciones. Resulta ofensivo que haya un lugar en la universidad donde se deba respetar la misoginia, donde se fomente la homofobia sin oposición, donde se estigmatiza la sexualidad y se obstaculiza la lucha contra el SIDA. Entre otras lindezas.

Una capilla universitaria debería ser, en definitiva, un lugar imposible. De lo contrario, como dice Isaac Rosa, «es la propia universidad la que queda profanada».

Amén. Tetas.

Los defensores de la democracia

Publicado por Iñaki a las 18:51 Jueves 24 de marzo de 2011

En su día, la llamada Ley de Partidos podía parecer una buena idea, incluso necesaria. Ciertamente, una ley que trate de impedir «que un partido político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra ese régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de las bandas terroristas» suena razonable. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que no era más que una ley ad hoc cuyo cometido es claro: impedir que un sector del nacionalismo vasco participe en la vida política.

Las consecuencias son claras. Tú, tu vecino o un señor de Albacete podéis presentaros en el Ministerio de Interior con la documentación necesaria y registrar vuestro nuevo partido político sin mayores complicaciones. En cambio, alguien con apellido vasco será revisado con lupa, y tendrá que incluir explícitamente en sus estatutos que rechaza la violencia. Pero todo será inútil: no importará que presente unos estatutos más inmaculados que la camilla de un quirófano, porque el más mínimo atisbo de sospecha bastará para ilegalizar su formación.

Y es que, a día de hoy, existen partidos políticos legales que, a mi juicio, incumplen alguno de los preceptos mencionados, ya sea por xenófobos, por racistas o por atentar contra el régimen democrático de libertades —¡diablos!, ¡hasta los mismos partidos que aprobaron la Ley de Partidos incumplen este último punto, vista la aplicación de dicha ley!—. Sin embargo, ayer, la Sala Especial del artículo 61 del Tribunal Supremo finalmente acordó ilegalizar Sortu a pesar de que 7 de los 16 magistrados votaron en contra. El recurso presentado por el Gobierno aducía que el «alejamiento táctico de la violencia» desplegado por Sortu y su rechazo del terrorismo es «cosmético, retórico e instrumental». Y eso ha bastado para convencer a 9 magistrados.

Desde aquí me gustaría ofrecer a nuestros políticos un pequeño Curso de Ética Legislativa, al más puro estilo del Curso de Ética Periodística con el que nos deleitaba Juanjo de la Iglesia en el Caiga Quien Caiga de Wyoming. Visto lo visto, recomiendo que el texto completo de la Ley de Partidos se reduzca a lo siguiente:

Artículo 1. Podrá inscribirse en el Registro de Partidos cualquier formación política que no sea de la izquierda abertzale.

Punto pelota. Claro, directo, sin interpretaciones. Expresa lo que realmente quieren y le facilita la vida a los magistrados. Todo ventajas.

Actualización: Fantástico como siempre Manel Fontdevila: toda mi entrada resumida en una viñeta.

#CientíficosMendigando: El talento de Malaspina

Publicado por Almudena a las 9:00 Lunes 21 de marzo de 2011

(Esta entrada se publica simultáneamente en Sonicando, a raíz de esta iniciativa)

Cada día, antes de las 5 de la madrugada, comenzaban las primeras maniobras: se daban todo tipo de redes, varias rosetas a distintas profundidades, botellones y lo que tocase en función del tipo de estación en que nos encontrásemos. Estos trabajos en cubierta solían abarcar toda la mañana. Por las tardes, el Hespérides reanudaba su marcha y la intensa actividad se trasladaba a los laboratorios. Allí se archivaban, procesaban y catalogaban todas las muestras y los datos recogidos por la mañana. Sin parar hasta las 20:30, cuando debían asistir a la reunión: en la sala de científicos y bajo la dirección del jefe científico, se comentaban las incidencias del día, se programaban los trabajos del día siguiente y, ocasionalmente, algún compañero daba una pequeña charla sobre el trabajo que estaba realizando a bordo. La reunión solía terminar una hora más tarde. A esa hora, incluso, algunos aún volvían a los laboratorios hasta más allá de las 12. Desconozco cuando dormían.

No digo, claro, que toda esta actividad fuese llevada a cabo simultáneamente por todos los científicos todos los días. Aunque, después de un mes observando su trabajo, llegué a admirar sinceramente la dedicación de estos científicos, sólo Superman y, quizás, Chuck Norris habrían sido capaces de sobrellevar, durante todo un mes, semejante rutina. No obstante, la cantidad de trabajo era, sin duda, desmedida, por lo que, hacia la mitad de la primera etapa de esta Expedición, cada grupo empezó a echar cuentas sobre las horas que duraba su jornada, de cara a corregir los posibles excesos de los protocolos y rutinas establecidas. El resultado no sorprendió a muchos: la mayoría de ellos dedicaba a su trabajo alrededor de 14 horas al día (algunos más). Sin fines de semana, ni festivos. En el Hespérides se trabajó hasta el único día del año en que cierran los periódicos: hasta el 1 de enero.

Quizás este inicio del relato pueda sonar más reivindicativo de lo que en realidad pretende ser. Semejante ritmo de trabajo podía resultar razonable dadas las circunstancias, ya que una expedición de este tipo implica la movilización de unos recursos que hay que aprovechar al máximo, aun a costa de ciertos sacrificios. A fin de cuentas, los propios investigadores son los más interesados y los que mejor valoran la información que obtienen en una campaña así.

Sin embargo, si este esfuerzo se veía recompensado por los logros obtenidos, personalmente me sorprendió que no se correspondiese, también, con cierto reconocimiento económico. A fin de cuentas, los científicos también comen y cagan, no sólo viven de “satisfacciones espirituales”, por increíble que parezca. Resulta difícil hacer generalizaciones, porque los investigadores, doctorandos y técnicos participantes en la expedición procedían de universidades e instituiciones españolas muy distintas, se encontraban en momentos de su formación diferentes y trabajaban bajo condiciones también variopintas. Pero las historias de terror que me contaban en sus ratos libres me dejaban helada.

Algunos doctorandos no estaban cobrando nada en absoluto por su trabajo. Otros, estaban terminando su tesis con el dinero del paro. Por lo que sé, ninguno estaba cobrando un duro más por pasar la Navidad en un buque lejos de su casa haciendo horas extra por los cuatro costados (si bien algunos afortunados percibían dietas, moderadas eso sí, por el viaje). Los doctorandos de Barcelona se hallaban en una situación especialmente precaria: me contaron que las tasas de su matrícula habían aumentado casi un 400 % en el último año. Tras negarse a pagar semejante atraco injustificado, se encontraban en vilo: a la espera de que sus protestas diesen su fruto y, entre tanto, “indocumentados”. Por otra parte, tampoco los doctores se hallaban en condiciones mucho más envidiables. Postdocs haciendo el trabajo de técnicos, investigadores recordando con nostalgia aquel país extranjero donde les ofrecían un sueldo que duplicaba el que tienen aquí…

La verdad es que me sorprendió. Pero sobre todo, me dio rabia. Tenía ante mí algunas de las personas con más formación de nuestro país, con una preparación y una capacidad sobradamente demostradas. Para llegar hasta donde estaban, cada uno de ellos había pasado por montones de tribunales, exámenes y pruebas. Todos habían demostrado la iniciativa necesaria para echar mil solicitudes y conseguir las condiciones que les permitieran seguir investigando. Todos habían viajado y pasado varios años en el extranjero (algunos eran verdaderos Willy Fog), por lo que la mayoría eran bilingües, aunque alguno hablaba hasta 6 idiomas. Todos tenían la constancia suficiente para seguir formándose perpetuamente.

Para llegar hasta donde estaban… En muchos casos, un trabajo incierto, precario y mal remunerado. Y luego alguien se sorprende de que los “cerebros” se fuguen. Por algo los llaman “cerebros”.

No todo son malas noticias

Publicado por Almudena a las 18:30 Sábado 19 de marzo de 2011

Este mundo está bastante mal. Pero no os desconsoléis: estará peor.

(Arcadi Oliveres en una conferencia muy recomendable)

Emasagra y su vergonzosa política de gestión de datos

Publicado por Iñaki a las 17:50 Viernes 18 de marzo de 2011

Acabo de recibir la última factura de Emasagra, la empresa que lleva el agua aquí en Granada, y, con ella, una carta en la que se expone lo siguiente. Cito textualmente (negritas mías) —agarraos los machos…—:

Apreciado cliente:

Algunas empresas del Grupo Agbar, desean poder ofrecerle una gama de productos y servicios que resulte de su interés, relacionados con el sector de los seguros y el mantenimiento de instalaciones del hogar.

Para que estas empresas del Grupo Agbar puedan comunicarle y ofrecerle sus promociones [...] solicitamos su consentimiento para ceder los datos (que sobre Usted obren en cada momento en nuestros ficheros de clientes) identificativos y de contacto, de idioma y los relativos a la gestión del contrato de suministro de agua (incluidos datos de consumo) a las siguientes empresas del Grupo Agbar [...]

En el supuesto de que Usted no desee que procedamos a esta cesión de datos, podrá comunicárnoslo llamando al teléfono gratuito [...]

Si, transcurridos 30 días desde la recepción de esta carta, no nos manifiesta su oposición a esta cesión de sus datos por los medios indicados en el párrafo anterior, entenderemos que nos otorga su consentimiento para llevarla a cabo en favor de las empresas enunciadas anteriormente y para los fines asimismo descritos en la presente carta.

En cualquier caso, Usted podrá ejercer posteriormente, en los términos que prevé la legislación aplicable, los derechos de oposición, acceso, rectificación y cancelación frente a la cesionaria correspondiente. Para ello, su solicitud escrita y firmada, acreditando su identidad, deberá dirigirse a la siguiente dirección [...]

Sin otro particular, le saluda atentamente,

Empresa Municipal de Abastecimiento y Saneamiento de Granada S.A.

N.B.: Si Ud. estuviera inscrito -antes del envío de alguna de las promociones citadas- por cualquiera de las cesionarias en la “Lista Robinson” de FECEMD (https://www.listaronbinson.es/default.asp), sus datos no serán utilizados para tal envío.

Por si no ha quedado claro, lo traduzco libremente a un lenguaje más de andar por casa:

Apreciado pardillo:

Vamos a proceder a penetrarle analmente y usted ni siquiera se va a dar cuenta, porque entendemos que es estúpido y además le gusta. En el supuesto de que Usted se de cuenta y no le agrade nuestra actuación, deberá preocuparse de comunicárnoslo antes de 30 días.

No obstante, una vez en cuclillas, mirando a Cuenca y con la bandera de Japón por trasero, siempre puede ejercer su derecho a solicitar que cese la invasión rectal mediante una carta debidamente firmada y acreditada.

Sin otro particular, le saluda atentamente,

Emasagra

No sé cómo lo veis vosotros, pero a mí esto no me parece una «solicitud de consentimiento» precisamente. Tampoco sé si esto es legal (¿algún abogado en la sala?); lo que sí tengo claro es que no es lícito ni mucho menos.

No lo olviden…

Publicado por Iñaki a las 14:21 Jueves 10 de marzo de 2011

Informarse cansa, y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática.

(Noam Chomsky e Ignacio Ramonet en Cómo nos venden la moto, vía Halón Disparado)