Desarrollo, por definición, insostenible

Publicado por Almudena a las 0:19 Lunes 3 de marzo de 2008

Leo una noticia en Público sobre ecologismo, con un inicio tan catastrofista que el giro optimista y pretendidamente constructivo del final, casi suena irónico. La pregunta que me queda es cuánto tardará en estallar todo esto. La situación está mal y no deja de empeorar y es que… vamos a decirlo ya bien claro: somos demasiados. Entonces recuerdo las palabras de Hesse en “El lobo estepario”:

- Es cómico -dije- que divierta tanto el pegar tiros. Y eso que yo era antes enemigo de la guerra.

Gustavo sonreía.- Sí, es que hay demasiadas personas en el mundo. Antes no se notaba tanto. Pero ahora que cada uno no sólo quiere respirar el aire que le corresponde, sino hasta tener un coche, ahora es cuando lo notamos precisamente. Claro que lo que hacemos no es razonable, es una niñada, como también la guerra era una niñada monstruosa. Andando el tiempo, la humanidad tendrá que aprender alguna vez a contener su multiplicación por medios de razón. Por el momento, reaccionamos contra el insufrible estado de cosas de una manera bastante poco razonable, pero en el fondo hacemos lo justo: reducimos el número.

- Sí -dije-; lo que hacemos es acaso una locura y, sin embargo, es probablemente bueno y necesario. No está bien que la humanidad esfuerce excesivamente la inteligencia y trate, con la ayuda de la razón, de poner orden en las cosas, que aún están lejos de ser accesibles a la razón misma. De aquí que surjan esos ideales como el del americano o el del bolchevique, que los dos son extraordinariamente razonables y que, sin embargo, violentan y despojan a la vida de un modo tan terrible, porque la simplifican de una forma tan pueril. La imagen del hombre, en otro tiempo un alto ideal, está a punto de convertirse en un cliché. Nosotros los locos acaso la ennoblecemos otra vez.

Los peces no saben contar

Publicado por Almudena a las 23:29 Domingo 2 de marzo de 2008

Revisando mi abandonado Google Reader con sus tropecientos titulares no leídos desde que no tengo acceso a Internet en el conservatorio, me llama la atención uno publicado en Público: “Los peces saben ‘contar’ hasta cuatro”.

Tamaña sorpresa, claro, al descubrir que otra especie animal ha sido capaz de desarrollar inteligencia, más aún sabiendo que se trata de un pez. Nada de monos o de delfines, especies pretendidamente inteligentes. No, un pez. Así que pincho sobre el titular para leer la noticia entera, sin entender muy bien por qué un acontecimiento así no me ha saltado ya al cuello desde televisiones, revistas, informativos, etc: Al parecer un estudio de la Universidad de Padua ha descubierto que los peces de la especie Gambusia Holbrooki, interesados en reunirse en grandes agrupaciones para protegerse de los depredadores, saben distinguir entre grupos de 1, 2, 3 y 4 peces de su misma especie. Llegando al 5º se hacen la picha un lío y ya no saben decir si el grupo es mayor que el de 4 peces. El estudio también demuestra que con cantidades mayores, cuando la diferencia de número es significativa (de 8 a 16 peces, ponen como ejemplo), el pez mosquito nuevamente sabe decantarse por el grupo más numeroso.

Si bien la capacidad del bicho es interesante, resulta falso aseverar que sabe “contar”: Sabe distinguir entre mucho y poco, y que sólo pueda hacerlo hasta 4, sólo demuestra que un pez más para un grupo de 3, es una cantidad proporcionalmente significativa, mientras no lo es tanto para un grupo de 4 o más peces. Incluso si demostrásemos que este animal, en efecto, tiene memorizada en su cerebro la imagen de 4 peces, distinta de la de 3 o de 2, pudiendo distinguirlas y optar por la mayor, ello no implica que sepa “contar”. Y para explicarme pondré un ejemplo que en su día llamó mi atención durante una clase de Psicopedagogía de la Universidad: para explicarnos el desarrollo de la inteligencia abstracta en los niños, la profesora nos habló del caso de un autista que tenía una memoria fotográfica perfecta. El niño era capaz de dibujar de memoria cualquier edificio, respetando con exactitud el número de ventanas, puertas etc. No obstante, ¡no era capaz de contar!. Esto es, no era capaz de reconocer cada ventana como igual al resto y por tanto, elaborar un “concepto” cuantificable, sumable, repetible. Su cerebro registraba cada ventana por sí misma en su lugar exacto sin elaborar patrones, sin relacionarla o identificarla con el resto. Sin esta identidad, 1, 2, 3, 4, 5 no son posibles ni concebibles, pues se trata de entidades abstractas, basadas en un patrón que se puede repetir indefinidamente obteniendo así el 6, 7, 8… Por ello también, carece de sentido decir que cualquier criatura puede contar sólo hasta 4. Si sabe contar, sabe hacerlo indefinidamente, hasta que se aburra o las ovejitas se lo lleven sobre sus lomos a Morfeo, hasta infinito (pues si bien no podemos nombrar todos los números hasta infinito, podemos “concebirlos”).

También me llama la atención que la noticia no aclara si esta capacidad del pez mosquito es exportable a otros objetos: no sabemos si, por ejemplo puede distinguir 3 estrellas de mar de 4. Lo más probable es que no pueda, supongo, viniendo ello a demostrar que, en efecto, el pez no puede “contar”, sino como mucho (y ni siquiera esto queda demostrado con lo que se narra en el artículo sobre dicho estudio), distinguir grupos de 4 peces mosquito.

Los extremos se tocan

Publicado por Iñaki a las 22:27 Sábado 1 de marzo de 2008

Consigna habitualmente coreada por los grupis del PP en sus manifestaciones:
¡Za, pa, tero, te, rro, rista!

Consigna coreada el sábado por la izquierda abertzale en Bilbao:
PSOE, faxista, zu zara terrorista!” (“¡PSOE, fascista, tú eres el terrorista!“)

(Vía: Mi Mesa Cojea)

Otros ejemplos:

Cubo de Rubik y sudokus

Publicado por Iñaki a las 0:51 Jueves 28 de febrero de 2008

Aquí tenéis la nueva sensación: el cubo de sudoku, no, el sudoku rubik, el rudoku, el sudobik, el… ¡bueno, qué sé yo! Esto:

rubik-sudoku.jpg

Su precio ronda los 3 euros y promete largos ratos de entretenimiento. ¡Yo quiero uno para mi cumple! (que es HOY; que a mí ni me va ni me viene, pero por comentarlo…)

(Vía: No puedo creer que lo hayan inventado)

Nokia Morph concept

Publicado por Iñaki a las 0:31 Jueves 28 de febrero de 2008

O lo que nos depara el futuro… tal vez.

(Vía: JamSession)

Los peligros del voto útil

Publicado por Iñaki a las 23:09 Miércoles 27 de febrero de 2008

Las últimas encuestas dan la mayoría absoluta al PSOE. Una cosa es que no permitamos que la derechona vuelva a gobernar y otra muy distinta que el PSOE gane por mayoría absoluta. No sería bueno darles esa licencia (ni al PSOE ni a nadie, creo yo). Así que…

Vote con moderación. Es su responsabilidad.

Magnetismo y superconductores II

Publicado por Iñaki a las 22:38 Miércoles 27 de febrero de 2008

Releyendo la anotación anterior de Magnetismo y superconductores, me he dado cuenta que me quedó, inconscientemente, un pelín técnica. Para algunas personas probablemente sólo tuvo interés el vídeo. Además, tengo pendiente una promesa de ampliar el contenido de aquella anotación. Esta vez, voy a intentar que lo entienda hasta un niño de cuatro años. ¡Que alguien traiga a un niño de cuatro años! Bueno, mejor no… ;-)

Vamos a tratar de entender primero por qué unos materiales son magnéticos y otros no. Para ello, vamos a comprender qué ocurre dentro de ellos. Después, hablaremos del caso especial de los superconductores.

Materiales que se imantan, o no

Los materiales están compuestos de átomos y, dependiendo del elemento que analicemos (hierro, cobalto, niquel…), estos átomos tienen un determinado momento magnético, más grande o más pequeño. Vamos a aproximarlo, para entenderlo, como la capacidad que tienen los átomos de ejercer fuerza sobre cargas en movimiento. El tamaño de este momento magnético es más grande en los elementos que se imantan con facilidad (como el hierro) y es pequeño o nulo en los que no lo hacen.

Vamos a abstraernos a algo más sencillo. Los materiales son un conjunto de átomos, y los vamos a representar mediante un conjunto de personas. Imaginaos a muchas personas apretujadas empujándose unas a otras. Cada persona está orientada hacia un sitio aleatoriamente y empujando en esa dirección (esto representa el momento magnético). Si hay suficientes personas, por cada persona que encontremos empujando en una dirección, encontraremos otra en la contraria. Así que el conjunto está en equilibrio, quieto: el material no está imantado. Si tenemos un material que se puede imantar, como el hierro, en nuestro ejemplo significa que las personas del grupo son muy fuertes y empujan con fuerza. Si el material no se puede imantar, significa que las personas de nuestro grupo empujan muy poquito o nada.

Ahora coloquemos el material en un campo magnético constante (sometido a la acción de un gran imán). En nuestro ejemplo, significaría que ponemos unas máquinas que cuelgan del techo a girar y orientar a todas y cada una de las personas del grupo en el sentido en el que va el campo magnético, de forma que todas empujen en esa dirección. Pero ellos se oponen, se resisten a ser desviados. Esto tiene que ver con la susceptibilidad magnética. En la mayoría de los materiales, esta susceptibilidad es del orden de -0,0001 o incluso menos. El signo nos indica oposición al campo magnético: nuestras cobayas humanas hacen fuerza en el sentido contrario al que tratan de girarlas. El número tan bajito, indica que hacen muy poca fuerza. Es como si hubiéramos situado al grupo en una pista de hielo: intentan oponerse, pero se resbalan y acaban empujando todos en la misma dirección prácticamente.

Si tenemos hierro, como todos tienen mucha fuerza y empujan en la misma dirección, se está creando otro campo que se suma al que hemos aplicado: el material está imantado, porque crea campo por sí mismo. Si es gente enclenque, no empujarán por mucho campo que haya fuera, así que el material no estará imantado.

Superconductores

Ahora situamos a nuestro grupo sobre una superficie que agarre mucho, como asfalto. Si ahora tratamos de girarlos para orientarlos en una dirección, podrán hacer mucha fuerza para evitarlo, y se colocarán todos en contra de la fuerza que hacemos nosotros. Esto es porque la susceptibilidad de los superconductores es -1. Lo cual significa que son capaces de hacer tanta fuerza como apliquemos nosotros, pero en sentido contrario: estarán creando un campo magnético exterior igual y de sentido opuesto, y repelen al primero.

Este afán de los átomos por oponer su momento magnético al de los campos exteriores se denomina diamagnetismo. Toda la materia es diamagnética, porque todos los átomos lo son. Lo que ocurre es que, como hemos visto, el efecto en general es mínimo, debido a que predominan otras fuerzas. En los superconductores, al moverse las cargas sin gasto energético en su interior, el efecto se hace notar: son diamagnéticos perfectos. Ya visteis el vídeo.

Recapitulando

Los materiales que se convierten en imanes al poner uno cerca, tienen átomos con momento magnético más o menos grande. Éstos se orientan en el sentido del campo del imán y crean otro campo magnético del mismo sentido que el primero, reforzándolo.

Los materiales que no se convierten en imanes, tienen átomos sin momento magnético (porque los momentos de sus electrones están equilibrados, pero esta es otra historia…). El campo magnético de un imán que coloquemos cerca pasa por el material sin pena ni gloria.

En los materiales superconductores se da el diamagnetismo perfecto, por el cual, se crea un campo igual y de sentido contrario al impuesto que expele a éste fuera del material. Esto ocurre debido a corrientes superficiales que fluyen libremente con gasto energético nulo.