El laberinto del IRPF

Sobre el IRPF existen muchas leyendas urbanas: desde las que dicen que a los catalanes se les va la mitad del sueldo en impuestos, hasta aquello de que supuestamente puedes acabar ganando menos con una subida de sueldo. Todo esto no es cierto, pero el tema tampoco es tan simple como aplicar los tipos por tramos de la famosa tabla y ya está. No en vano, la Agencia Tributaria tiene unos bonitos «manuales prácticos» de nada menos que 1300 páginas. En serio.

El caso es que a @marga_tf y a mí nos han concedido un proyecto de investigación multidisciplinar en la UC3M (más sobre esto, quizás, en otro momento), y el mes que viene toca sacar una oferta de empleo para contratar a un técnico de apoyo para el proyecto. Queremos que tenga un sueldo digno, y por ello andaba yo echando cuentas entre la calculadora de Cinco Días y la de la Agencia Tributaria para verificar el sueldo neto, pero me salían resultados distintos. Total, que una cosa llevó a la otra y… acabé haciéndome mi propia calculadora, cuya salida tiene esta pinta:

Lo hice y lo entendí. Y por si a alguien más le puede servir, he publicado una app donde se puede juguetear con los diferentes parámetros (tramos, cotización, reducción, mínimo…) y las gráficas cambian en consecuencia. Obviamente, cubre el caso más sencillo, pero variando los parámetros probablemente se puedan añadir deducciones y cubrir casos más complejos. El código está en GitHub.

Actualización: He añadido el cálculo del tipo marginal (cuánto pagas por cada euro adicional). Lo que sucede en las rentas bajas es un auténtico disparate. Por ejemplo, al pasar de ganar 17 mil euros brutos anuales a 18 mil, se perciben únicamente unos 400 euros más, lo que supone un 56% de IRPF para esos mil euros de subida. Ya lo denunciaban hace más de un año en Nada es Gratis (me puso sobre la pista @gilbellosta).

A más datos, mejor servicio público

La digitalización es un aspecto imparable de nuestras sociedades modernas. Cada vez más datos personales acaban en manos de grandes empresas tecnológicas que, en contraprestación, nos ofrecen cada vez nuevos y mejores servicios. Esto, no obstante, conlleva unos riesgos para la privacidad y una preocupación creciente de la ciudadanía, que ya ha visto saltar a los medios diversos escándalos por una gestión poco ética, o directamente ilegal, de esos datos. Leyes como la nueva GDPR europea responden a esa preocupación, y tratan de asegurar que la explotación de nuestros datos se realice con las máximas garantías, aunque todavía queda mucho por hacer.

Sigue leyendo A más datos, mejor servicio público, mi última colaboración en el Cuaderno de Cultura Científica, que complementa este otro, publicado hace unos días, acerca de la polémica suscitada la semana pasada por determinados titulares en prensa.

Cómo evitar que El País sepa tu voto y dónde veraneas

Una pieza informativa aspira a describir unos hechos, que tienen unas implicaciones. Un titular, por su parte, apenas da para una pincelada: es una elección muy particular que resalta una parte muy concreta de los hechos. Es por ello que no hay titular inocente. El titular no es un mero fragmento de información: es un enfoque.

Hoy en día, las noticias digitales se leen poco y se comparten rápido. En el mejor de los casos, el titular condiciona completamente la interpretación de una lectura en diagonal. En el peor de los casos, es lo único que se lee. Y suma y sigue. Like. Retweet. Compartir en Facebook. Por lo tanto, el enfoque es fundamental.

Pero hay un problema: un titular condiciona también cuánta gente hace click y llega a tu medio. La mayoría de las noticias no son realmente tan interesantes y la competencia por la atención es alta. Los medios lo saben, y su incentivo está en retorcer ese enfoque, lo que a veces puede tener consecuencias desastrosas.

Un caso paradigmático de esto se está dando esta semana. El pasado miércoles, en una noticia que no voy a enlazar directamente, El País Economía titulaba así:

El INE seguirá la pista de los móviles de toda España durante ocho días

La polémica estaba servida. Expertos opinadores de toda índole se lanzaban a afirmar desde que era ilegal hasta que no servía para nada. Ardían las redes. El Estado nos vigila. ¿Y adivinan qué? Exacto: el INE no seguirá la pista de los móviles de toda España. No obstante, toda la información que explica qué es exactamente lo que va a hacer el INE —que es algo completamente legal, ético y razonable, con datos anónimos— estaba en el cuerpo de la noticia, pero nadie lo leyó o quiso leerlo. De hecho, puse un hilo en Twitter explicando la noticia apoyado en capturas de la misma:

Ofrezco un par de titulares alternativos a partir de información incluida en el propio artículo:

Un estudio pionero tratará de mejorar cómo se hace la estadística pública

El INE buscará abaratar costes y mejorar la precisión de cara al Censo 2021

Desafortunadamente, ni el redactor ni el editor apostaron por este enfoque. En su lugar, escogieron uno que, como mínimo, resulta engañoso, y literalmente, es mentira.

Otros fueron más lejos todavía, como Público:

El INE quiere rastrear la posición de nuestros móviles pese a que lo impide la ley

Que ya no es que el titular se pase de rosca, es que el cuerpo de la noticia es pura bazofia digna de The Sun.

Unas horas más tarde, Verne, de El País, insistía en el enfoque:

Cómo evitar que los datos de tu teléfono móvil formen parte del estudio del INE

Tristemente, otros medios, como Maldita (periodismo para que no te la cuelen), se apuntaban al mismo carro. Eso sí: ni rastro de explicar que el resultado de un estudio así es un bien público y por qué nos interesa a todos que salga bien. Y ayer, El País Economía volvía a la carga:

No solo el INE rastrea los móviles: Fomento ya pagó a Orange por los datos de 16 millones de teléfonos

¿Adivinan qué, otra vez? Efectivamente: Fomento no pagó por datos privados, sino por un estudio de esos datos para obtener información agregada y anónima de movilidad que, de otra manera, se habría obtenido por un procedimiento de un orden de magnitud más caro. Detalles, detalles…

Lo paradójico de todo esto es que El País es un abanderado del llamado periodismo de datos (lo que me parece muy bien; ¡a favor!). Fueron los primeros en hacer el mapa interactivo del voto en las últimas elecciones, que luego otros medios copiaron. Y en verano, leíamos un reportaje interesantísimo donde utilizaban datos de telefonía de Orange (¿suena familiar?) titulado De dónde son los españoles que veranean en Benidorm (y en otros 55 destinos).

Por aquel entonces ya hubo quien se quejó —porque es cierto que hay un debate abierto en torno a la privacidad, un asunto delicado—, y el tema acabó en el Defensor del Lector, que no dudó en defender la labor de sus periodistas de datos en A más datos, más periodismo. Sí, señor. Solo me pregunto qué les parecería si otro medio decidiera hoy titular:

No solo el INE y Fomento rastrean los móviles: El País ya siguió los datos de millones de teléfonos

Cómo evitar que El País sepa tu voto y dónde veraneas

#Naukas19: Aprendiendo de las máquinas

Dejo por aquí un enlace al vídeo, que como cada año EiTB pone a disposición en su plataforma Kosmos, de mi participación en Naukas Bilbao 2019 del pasado 20-21 de septiembre en el Palacio Euskalduna. En la línea de mi artículo Aprendiendo de las máquinas, hago un poquito más de hincapié en cómo la metáfora de la «inteligencia artificial» se nos ha ido de las manos en la cultura popular; en qué es la inteligencia artificial y, sobre todo, en qué no es.

Los orígenes de la visualización de datos

Hoy en día, vivimos inmersos en gráficas, mapas e infografías de toda índole. En la era de la información, la visualización de datos se percibe como un lenguaje familiar que, además, gracias a las computadoras, resulta muy accesible. Pero no siempre fue ni tan obvio ni tan sencillo, sino que se lo debemos a unos pocos pioneros que, a base de papel y tinta, tuvieron la visión y la destreza de combinar arte y estadística para revolucionar nuestra manera de estudiar los datos.

Sigue leyendo Los orígenes de la visualización de datos, mi última colaboración en el Cuaderno de Cultura Científica.