Los reales (y bonitos) fotones

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Es muy bonito (muy muy bonito) plantarse con un papel y una hoja e intentar dirigir con números el lugar donde debe colocarse la luz.

—¡Aquí las ondas se anulan! ¡Por allá giran en círculos! Tráiganme 3,4 kilos de fotones, la trifracción de algún símbolo griego y la junta de la trócola, amén.

Pero lo más bonito (joder, ¡tan bonito!) es que luego pillas un láser, un cacharro hecho de “realidad”, con su consumo ineficiente y sus manchas de tomate de la cena; lo enfocas contra una pared, lo pasas por un agujerillo y ¡el muy real hace lo que decía en el papel!

Es emocionante.