One Mile Scroll es una página web de 6.082.560 píxeles de alto, esto es, una milla, con su correspondiente scroll interminable. A lo largo de la misma, se marcan diferentes «puntos de interés», como el hombre más alto del mundo, la altura de la estatua de la libertad o de la Torre Eiffel, y otros puntos digamos «más jocosos».
En el pie de página, una milla por debajo, se permiten aportaciones. Just another site to procrastinate…
La riqueza armónica del pop actual es digna de mención. Con cuatro acordes y dos especies (I, V, VIm y IV), ya estás preparado para cantar un montonazo de canciones. Los chicos de The Axis of Awesome, una banda cómica de rock, lo han demostrado sobradamente. Un cursillo de estos de CCC, Aprende a tocar la guitarra en dos «patás», y a funcionar. Vean, vean, y sobre todo escuchen:
¿Sorprendidos? Y eso que todavía no hemos echado un vistazo al repertorio de canciones en castellano. ¿Queréis que lo hagamos? En Mundo Picho ya lo han hecho, y este es el resultado (bastante más desafinado, pero sirve para hacerse una idea):
El hecho de tener dos ojos es el factor principal (aunque no el único) que influye en que percibamos el mundo con profundidad, en tres dimensiones. Cuando enfocamos un objeto, nuestros ojos, separados por unos 65 mm, tienen perspectivas ligeramente distintas. Después, nuestro cerebro es el encargado de fundir estas dos imágenes parecidas pero no iguales. Por eso, cuando observamos una imagen plana, una fotografía, por ejemplo, perdemos ese realismo, esa sensación de profundidad, porque los dos ojos llevan la misma información.
Existen diversas técnicas para producir este efecto sobre una imagen en 2D y que se basan en el mismo principio (mostrar una imagen ligeramente distinta a cada ojo), a saber:
Método de anaglifo: consiste en dos imágenes filtradas por color y superpuestas. Se necesitan unas gafas especiales, con un cristal de cada color, para que, en cada lente, una imagen se cancele y la otra no.
Método de lentes polarizadas: las dos imágenes también se superponen, pero cada una se emite con una polarización diferente (habitualmente una polarizada en vertical y la otra en horizontal). En cada ojo irá una lente con la polarización correspondiente, de forma que se filtra sólo una imagen.
Método de imagen entrelazada: específico del vídeo en 3D. El entrelazado consiste en emitir alternativamente las líneas pares y las impares de las diapositivas de un vídeo para duplicar la velocidad aparente, puesto que el cerebro no se entera de esta treta. Si asignamos distinta perspectiva a las líneas pares con respecto a las impares, junto con unas gafas especiales, conseguimos el efecto de 3 dimensiones. En este caso, estas gafas son más caras, puesto que deben llevar un mecanismo que se cierre y se abra a la misma velocidad que pasan los frames (y en sincronía con ellos).
Sin embargo, hay un método más barato para crear la sensación de 3D, pero requiere poner un poco de nuestra parte. Veamos:
Yo digo que son dos imágenes de un punto azul que flota sobre una circunferencia, tomadas desde perspectivas diferentes, y vosotros hacéis un acto de fe, ¿de acuerdo? Bien. Ahora tenéis que verlo. Para ello:
Colocad la cabeza a una distancia normal del ordenador, ni muy cerca ni muy lejos.
Cruzad ligeramente los ojos (como si fuerais bizcos) hasta que veáis tres círculos borrosos.
Obviad los dos de los lados y concentraos en el del centro, no lo perdáis. El objetivo es enfocarlo. Cuando lo consigáis, lo veréis en 3D.
Al principio cuesta, y hay que decir que no todo el mundo puede. Cuando se consigue, es una sensación impresionante. ¡Estamos engañando a nuestro cerebro! ¡Nos estamos engañando… ouch! Probad con esta niña, a mí me ha resultado más fácil:
Si lo habéis conseguido, os habréis quedado con las ganas. Así que os apetecerá pasar por El beso en la Luna, de donde he sacado estas imágenes y donde publican preciosas fotos astronómicas en 3D. ¡Muy recomendables!
Este fin de semana los clientes de Telefónica teníamos problemas para acceder a Youtube, así que nos quedamos sin nuestro habitual post musical de los domingos. Esta manaña, de hecho, los problemas todavía persistían. Por eso, os compenso ahora mismo: hoy os traigo algo especial, algo de mi tierra (por cortesía de José Luis, que me ha mandado el vídeo, ¡gracias!), interpretado también de una manera especial.
Se trata de la Fantasía sobre la ópera Carmen de Bizet, del violinista pamplonés Pablo Sarasate. Bueno, Martín Melitón Pablo de Sarasate y Navascués, para ser más exactos, ahí es nada.
Los ávidos lectores habrán deducido al instante que esta fantasía es para violín y piano u orquesta (en este caso orquesta), como el 98% de las obras de Sarasate. Y precisamente en ese punto radica la originalidad del siguiente arreglo e interpretación, pues corre a cargo de un clarinetista.
No había oído hablar nunca del clarinetista Mate Bekavac antes de hoy, pero seguro que, a raíz de escuchar esto, busco más cosas suyas. Una somera búsqueda de su nombre en EQTLS no arroja muchos resultados, mas son los suficientes para ver que su carta de presentación no es nada mala: el susodicho ha estudiado con Béla Kovács (que tiene un librito de obras para clarinete solo con el que me ando peleando) y Charles Neidich.
El caso es que es jodidamente complicado tocar semejante pieza, ya acrobática de por sí para el violín, con el clarinete. No ya porque sea más fácil o más difícil, sino porque son instrumentos distintos, con técnicas muy diferentes. Las características físicas de un instrumento abren un abanico de posibilidades muy concreto. ¿Qué es más complicado, cavar una zanja o freír un huevo? Pues ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario. En cambio, si quieres freír el huevo con un pico, o cavar la zanja con una rasera, la cosa se complica, evidentemente.
Para interpretar esta obra, Mate Bekavac tiene que echar mano de técnicas «no-estándar» —podríamos decir— del clarinete: respiración circular (me da la impresión, en algún pasaje, aunque es difícil asegurarlo), doble picado, glissandos extremos, frullato, vibrato, slap, etc. (no lo explico porque se haría eterno; si sentís curiosidad, ya sabéis). Las llamo «no-estándar» porque estas cosas no las enseñan en los conservatorios, amiguitos, no entra dentro de la técnica básica del clarinete. Y, por si fuera poco, se mueve en un registro que no es propio del clarinete (porque el violín es más agudo). Son notas que sí, de acuerdo, pueden darse con un clarinete, pero son armónicos extremadamente agudos, chillones, difíciles de afinar y que requieren incluso un cambio de la embocadura.
En cualquier caso, Bekavac demuestra un dominio del clarinete excepcional y no puede negarse que tiene una gran musicalidad. Al final de la pieza pierde un poco el control, pero lo que me sorprende es que no lo pierda antes, con la de barbaridades que le hace a esa pobre caña… El resultado final es cuando menos original y sorprendente. No sé, vosotros ¿qué opináis? ¿Os gusta? ¿No os gusta? ¿Tiene valor sólo como experimento, o es factible componer algo así para clarinete? ¿Aceptamos barco como animal de compañía?